Nacimiento y primeros años
San Jerónimo nació alrededor del año 347 en Stridón (o Estridón), una localidad situada en la frontera entre Dalmacia y Panonia, regiones que hoy corresponden aproximadamente a partes de Croacia y Eslovenia.1,2,3 Provenía de una familia cristiana acomodada que le proporcionó una sólida educación inicial. En aquella época, era común el bautismo de adultos, por lo que Jerónimo no recibió este sacramento en su infancia, sino durante su estancia en Roma, entre los años 358 y 364, mientras estudiaba retórica bajo los mejores maestros de la ciudad.1,4
Desde joven, mostró una gran pasión por la literatura clásica latina, devorando obras de Cicerón y otros autores paganos, lo que más tarde generaría un conflicto interior en su camino espiritual.1,2 Esta formación humanística lo preparó para su futura labor como traductor y exegeta, aunque inicialmente lo alejó de la simplicidad de las Escrituras.5
Formación y viajes por Europa
Tras sus estudios en Roma, Jerónimo emprendió un viaje por Galos, llegando hasta Trier (actual Tréveris, Alemania), centro intelectual del Imperio romano. Allí conoció el monacato oriental gracias a la influencia de san Atanasio, lo que despertó en él un anhelo por la vida ascética.1,3 Regresó a Aquilea, donde se unió a un grupo de cristianos fervientes alrededor del obispo Valeriano, formando una comunidad que él mismo describió como un «coro de bienaventurados».1,2
Este período de vida común fortaleció su vocación, pero alrededor del 374, tras pasar por Antioquía, decidió retirarse al desierto de Calcis, al sur de Alepo (Siria), en busca de una ascesis más radical.1,2,3 En este aislamiento, dedicó tiempo al estudio intensivo de las lenguas bíblicas: primero el griego y luego el hebreo, bajo la guía de un judío convertido. El desierto se convirtió en un lugar de decisiones existenciales profundas, donde enfrentó pruebas interiores, descubrió la importancia de las lágrimas de arrepentimiento y experimentó la misericordia divina.1,6
La visión en el desierto y conversión decisiva
Un momento clave en su vida fue una visión profética durante la Cuaresma del 375, posiblemente en fiebre. En ella, se vio arrastrado ante el Juicio divino y acusado de ser «ciceroniano, no cristiano», ya que prefería la elegancia de los clásicos latinos a la rudeza de la Biblia.1,2,5 Este sueño lo impulsó a una conversión radical: abandonó por completo la literatura profana para consagrarse al servicio de la Palabra de Dios, redirigiendo sus talentos al bien de la Iglesia.1
En el desierto, Jerónimo comprendió su debilidad humana y la necesidad de depender totalmente de Dios, como ilustra una anécdota apócrifa en la que Cristo le pide sus pecados para perdonarlos de nuevo.1
Estancia en Roma y servicio al papa Dámaso
Ordenado sacerdote en Antioquía, Jerónimo viajó a Constantinopla (380-381), donde entabló amistad con san Gregorio Nacianceno.3,7 En 382, regresó a Roma como secretario y consejero del papa Dámaso I, quien lo animó a revisar la traducción latina de la Biblia por razones pastorales y culturales.2,3 Su fama como asceta atrajo a nobles romanas como Paula, Marcela, Asela y Lea, quienes lo eligieron como guía espiritual y aprendieron griego y hebreo bajo su dirección.2
Sin embargo, su carácter fuerte y críticas acerbas le granjearon enemigos. Tras la muerte de Dámaso en 384, fue expulsado de Roma en 385.3
Fundación monástica en Belén y últimos años
Jerónimo se instaló definitivamente en Belén en 386, cerca de la gruta de la Natividad. Con la ayuda de santa Paula y su hija Eustojio, fundó tres monasterios femeninos y uno masculino, que servían también como hospicios para peregrinos y escuela monástica.3,7,8 Allí continuó su vida de estudio y oración hasta su muerte el 30 de septiembre de 420, a los 73 años, agotado por la penitencia y el trabajo.1,3,8 Fue enterrado junto a Paula y Eustojio bajo la iglesia de la Natividad; sus restos se trasladaron más tarde a Santa María la Mayor en Roma.8
En sus últimos años, enfrentó invasiones bárbaras (saco de Roma en 410) y persecuciones pelagianas, que incendiaron sus monasterios.8

