Infancia y vocación sacerdotal
Cottolengo nació en Bra, localidad del Piamonte, en una familia de doce hijos; seis de sus hermanos murieron durante la infancia. Desde niño mostró una especial preocupación por los pobres. La documentación de su canonización recoge un recuerdo familiar según el cual, con unos cinco años, dijo que, cuando fuese mayor, alojaría a pobres y enfermos en todas las habitaciones de la casa.1,3
Escogió el sacerdocio y recibió una formación marcada por la oración, la vida sacramental y la atención a los demás. Su juventud transcurrió durante las convulsiones políticas y sociales de la época napoleónica, que también afectaron a la vida religiosa. Ya sacerdote, adquirió fama como confesor y predicador en Turín, donde dirigió ejercicios espirituales y conferencias para estudiantes universitarios.1
A los 32 años fue nombrado canónigo de la congregación de la Santísima Trinidad, vinculada a la iglesia del Corpus Christi. Aunque desempeñaba con celo las funciones propias de su cargo, sentía inquietud por hallar una forma de servicio que respondiera de modo más directo a las necesidades de los pobres.1
El encuentro que orientó su misión
El 2 de septiembre de 1827, una familia francesa llegó a Turín en una diligencia. La madre, embarazada y con fiebre alta, no encontró acogida en los hospitales a los que acudió la familia. Trasladada a un alojamiento público, empeoró y murió acompañada por Cottolengo, que había acudido para asistirla espiritualmente.1,4
La muerte de la mujer y el desamparo de su familia llevaron al sacerdote a preguntarse qué podía hacer ante aquella situación. Después de rezar ante el Santísimo Sacramento, decidió poner sus capacidades al servicio de quienes carecían de atención. La biografía pontificia de 2010 resume el giro de aquel día con las palabras que Cottolengo dirigió a quienes se acercaron a la iglesia: «¡La gracia está hecha!». A partir de entonces, organizó iniciativas de ayuda para los más necesitados.1,4




