San José aparece en los Evangelios de Mateo y Lucas como el esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesús. Su misión como custodio se revela en momentos clave de la infancia del Redentor. El ángel del Señor le anuncia en sueños la concepción virginal y le ordena tomar consigo a María, protegiéndola de toda sospecha: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu mujer, porque lo que en ella ha sido concebido viene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Esta obediencia inmediata lo posiciona como el primer guardián del misterio de la Encarnación.2,4
Posteriormente, ante la amenaza de Herodes, José recibe otra revelación angélica: «Levántate, toma al Niño y a su madre y huye a Egipto» (Mt 2,13). Su prontitud salva la vida del Mesías, demostrando una custodia activa y vigilante. Al regresar de Egipto, elige Nazaret para resguardar a la Sagrada Familia, cumpliendo la profecía: «Será llamado nazareno» (Mt 2,23). En Lucas, se le describe guiando la familia en el viaje a Jerusalén y buscándolo angustiado durante tres días cuando Jesús se queda en el Templo (Lc 2,41-51). Estos episodios delinean a San José no como figura pasiva, sino como custodio fiel, provisto por Dios para defender los tesoros divinos.4,5
