Infancia y familia
José María Desa nació en Copertino, localidad de la región italiana de Apulia, entonces integrada en el Reino de Nápoles. Su padre, Félix Desa, ejercía el oficio de carpintero y murió antes del nacimiento de José, dejando deudas que agravaron la pobreza familiar. Su madre, Francesca Panara, tuvo que abandonar la vivienda familiar y dio a luz en un establo. La tradición biográfica relacionó más tarde este nacimiento con la pobreza de Cristo y con la espiritualidad franciscana que marcaría toda la vida del santo.1
Durante la infancia, José mostró una inclinación intensa hacia la oración y las realidades religiosas. Las primeras biografías describen episodios de ensimismamiento y de contemplación que llamaban la atención de sus compañeros. Al mismo tiempo, tuvo un temperamento irritable, defecto que su madre procuró corregir mediante una educación exigente. La vida posterior de José mostró que su santidad no consistió en una supuesta ausencia de dificultades humanas, sino en un prolongado trabajo de conversión, disciplina y docilidad.1
Una enfermedad le impidió durante años llevar una vida escolar normal. La falta de formación académica acompañó a José durante su juventud y condicionó sus primeros intentos de ingreso en la vida religiosa. Trabajó como aprendiz de zapatero y procuró contribuir a la economía doméstica, aunque su deseo principal consistía en consagrarse a Dios en la familia franciscana.2
Entrada en la familia franciscana
A los diecisiete años solicitó ingresar en la Orden de Frailes Menores Conventuales, pero los religiosos rechazaron inicialmente su petición debido a su escasa preparación y a las dificultades que presentaba para la vida comunitaria. En 1620 entró como hermano lego en un convento capuchino de Martina Franca. Sin embargo, sus frecuentes episodios extáticos le impedían desempeñar con regularidad las tareas confiadas, y los capuchinos terminaron despidiéndolo.1
La expulsión provocó incomprensión y desprecio por parte de algunos familiares, que lo consideraban incapaz de ganarse la vida. José respondió con perseverancia, oración y lágrimas, sin abandonar su vocación. Finalmente, los franciscanos conventuales de la Grottella, cerca de Copertino, le permitieron trabajar como ayudante y oblato en las tareas más humildes, particularmente en el cuidado de las caballerizas.1
En la Grottella, los frailes descubrieron en él una conducta caracterizada por la humildad, la obediencia y el amor a la penitencia. Su escasa capacidad intelectual no impidió que progresara en la vida espiritual ni que recibiera la formación necesaria para el sacerdocio. En 1625 fue admitido entre los religiosos destinados al coro y comenzó formalmente la preparación para las órdenes sagradas.3
Ordenación sacerdotal
Las dificultades académicas acompañaron a José durante los estudios. Leía y escribía con gran esfuerzo, y carecía de facilidad para la exposición teológica. Las biografías antiguas relatan que conocía especialmente bien un pasaje evangélico: «Bienaventurado el seno que te llevó». Durante el examen para el diaconado, el obispo le pidió precisamente que comentara ese pasaje, y José respondió de manera satisfactoria.3
En el examen previo al presbiterado, los primeros candidatos respondieron con tanta solvencia que el examinador decidió admitir también a los restantes. José recibió el presbiterado el 28 de marzo de 1628. La tradición popular interpretó aquel acontecimiento como una intervención providencial; desde una perspectiva histórica, el episodio pertenece al conjunto de testimonios transmitidos por sus primeros biógrafos.1
Como sacerdote, José no abandonó las ocupaciones sencillas. Continuó realizando trabajos domésticos, atendiendo a los pobres y aceptando tareas humildes. La biografía oficial de la causa de canonización lo presenta como un religioso consciente de sus límites culturales, dedicado al servicio de los necesitados y profundamente unido a Cristo y a la Virgen María.2



