Envío y finalidad apostólica
En 1587, el Superior General de su Orden lo envió a Constantinopla para servir a los cristianos allí cautivos.
El relato presenta la misión como una acción religiosa concreta: predicar, atender espiritualmente y acompañar a quienes vivían oprimidos por la esclavitud y la incertidumbre.
Alojamiento, predicación y contacto con la población
Al llegar, él y sus compañeros se alojaron en una casa en mal estado, perteneciente a monjes benedictinos, abandonada o deteriorada. La pobreza en que vivían atrajo la atención de los turcos, que acudían en número a contemplar a los misioneros.
Todos los días, se indica que José entraba en la ciudad para predicar. En esa labor, mostró una solicitud intensa por el cuidado de los cristianos presos en las galeras.
Prisión, condena y liberación atribuida a un milagro
La predicación y el testimonio apostólico desembocaron en conflicto: finalmente, José fue arrestado y solo logró recuperar la libertad por la intervención de un agente veneciano.
Impulsado por el celo, intentó finalmente entrar incluso en el palacio para predicar ante el Sultán. Sin embargo, fue apresado y condenado a muerte. Se narra que estuvo tres días colgado en el patíbulo, sostenido mediante ganchos insertados en su mano y en su pie derecho. A continuación, la tradición afirma que fue liberado de modo milagroso por un ángel.
Este episodio constituye uno de los momentos más característicos de su fama: en él se subraya la unión entre la firmeza del testimonio cristiano y la confianza en la intervención divina.
Reconciliación de un arzobispo y regreso a Italia
De regreso a Italia, se indica que José llevó consigo a un arzobispo griego que había apostatado, y que fue reconciliado con la Iglesia al llegar a Roma.
Tras esta etapa, el relato pasa a subrayar su dedicación a las misiones internas en su provincia de origen.