José Gabriel del Rosario Brochero pertenece a la historia de la Iglesia en Argentina como uno de los grandes modelos del sacerdocio misionero, especialmente por su cercanía con los pobres, su dedicación a los enfermos y su empeño en llevar la vida cristiana a lugares de difícil acceso.
Su ministerio unió tres dimensiones inseparables:
- La evangelización, mediante la predicación, la catequesis y la celebración de los sacramentos.
- La renovación espiritual, sobre todo a través de los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola.
- La promoción social, mediante la construcción de caminos, iglesias, escuelas y otras infraestructuras necesarias para las poblaciones rurales.
El papa Francisco presentó a Brochero como un pastor cercano a su pueblo, capaz de recorrer grandes distancias para visitar a las familias y atender sus necesidades. La imagen del sacerdote que atraviesa las sierras a lomos de su mula expresa el carácter concreto y cotidiano de su acción pastoral.3
La tradición argentina lo llama «el cura gaucho» por su modo de vivir y de hablar en contacto directo con la cultura de los habitantes de las montañas. Brochero no predicaba desde la distancia: compartía la vida de la gente, visitaba sus hogares, conversaba con ellos y comunicaba el Evangelio con un lenguaje comprensible para todos.4



