Origen y promulgación
El 1 de mayo de 1955 el Papa Pío XII instituyó la fiesta de San José Obrero, respondiendo a la petición de los obispos y de los movimientos obreros católicos que buscaban un santo patrono para el día del trabajo civil1. Esta iniciativa pretendía «dar al primer mayo una impronta religiosa» y «unir espiritualmente al mundo del trabajo» bajo la protección de San José1.
El decreto papal se basó en la larga tradición de veneración de San José como Patrón de la Iglesia Universal, proclamada por el Papa Pío IX en 1870 mediante la bula Quemadmodum Deus2. Esa declaración había elevado su fiesta del 19 de marzo a doble de primera clase, sentando las bases para la posterior dedicación al trabajo humano3.
Desarrollo posterior
Tras la instauración de la fiesta, varios pontífices reforzaron su significado. El Papa Juan Pablo II recordó en sus Audiencias Generales de 1984 que «el día de hoy, primer mayo, la Iglesia muestra a Cristo el Hijo de Dios en el banco de trabajo de la casa de José de Galilea» y destacó la dignidad del trabajo físico4. En 2002, en otra Audiencia General, subrayó que el trabajo permite al ser humano «transformar la naturaleza y adaptarla a sus necesidades, realizándose como ser humano»5. El Papa Francisco, en 2013, vinculó la celebración a la contemplación de Jesús y al llamado a la justicia social6.

