El esposo de María
Mateo y Lucas presentan a José como el esposo de María. La concepción de Jesús acontece por obra del Espíritu Santo y conserva intacta la virginidad de María, pero esta verdad no elimina la realidad del matrimonio entre ambos. La unión matrimonial proporciona el fundamento jurídico de la paternidad de José y la estructura familiar en la que Jesús nace y crece.
José recibe en sueños la revelación de que el niño concebido en María procede del Espíritu Santo. El ángel le ordena no repudiar a María y asumirla como esposa. José obedece sin exigir pruebas adicionales ni reclamar protagonismo. Su fe se manifiesta mediante la aceptación de una misión que supera sus proyectos personales.
El padre legal de Jesús
El ángel confía a José una responsabilidad decisiva: imponer al niño el nombre de Jesús. En el mundo bíblico, la imposición del nombre expresaba una autoridad familiar y una función jurídica. Al recibir al niño y darle el nombre indicado por Dios, José lo incorpora legalmente a la casa de David y ejerce sobre él una verdadera autoridad paterna, aunque Jesús no proceda biológicamente de su linaje.
Juan Pablo II afirma que José no perdió su autoridad paternal por no haber engendrado a Jesús según la carne. La misión de ponerle el nombre manifiesta precisamente el ejercicio de esa autoridad. María misma llama a José «padre» de Jesús, y los Evangelios presentan a ambos como los padres del niño en el contexto de la vida familiar.
El nacimiento de Jesús
José acompaña a María a Belén con motivo del empadronamiento. Allí nace Jesús y José participa en la acogida y protección del recién nacido. El Evangelio muestra así al Mesías entrando en el mundo dentro de una familia concreta, bajo la responsabilidad de un padre y junto a su madre.
La tradición litúrgica resume esta misión al llamar a José «servidor fiel y prudente» encargado de la casa de Dios y destinado a velar como un padre por el Hijo unigénito.
La huida a Egipto
Después del nacimiento, José recibe la orden de ponerse en camino hacia Egipto para proteger al niño de la persecución de Herodes. La respuesta de José vuelve a caracterizarse por la prontitud: toma al niño y a su madre y emprende el viaje.
El episodio revela a José como guardián de Jesús y de María. La tradición cristiana ha visto en esta protección una imagen de su función posterior respecto de la Iglesia. El cuidado de la vida amenazada, la defensa de los débiles y la disponibilidad para abandonar la seguridad propia forman parte esencial de la espiritualidad josefina.
El regreso a Nazaret
Tras la muerte de Herodes, José vuelve a recibir una indicación divina y retorna con Jesús y María. La familia se establece en Nazaret, donde Jesús vive los años de su vida oculta.
Nazaret representa el ámbito cotidiano de la existencia de José: hogar, trabajo, educación, oración y responsabilidad familiar. La santidad de José no aparece ligada a grandes discursos públicos, sino a la fidelidad en las obligaciones ordinarias.
José en la vida oculta de Jesús
El Evangelio vuelve a presentar a José en el episodio de Jesús perdido y hallado en el templo. Después de ese acontecimiento, Jesús regresa a Nazaret con María y José y vive bajo su autoridad. Esta referencia confirma el ejercicio real de la paternidad de José dentro de la familia.
La presencia de José en la vida oculta de Cristo posee gran valor espiritual. El Hijo eterno de Dios quiso crecer en una familia humana y someterse a la autoridad legítima de sus padres. José participó así en la educación, protección y formación humana de Jesús, siempre en subordinación al misterio de la filiación eterna del Hijo respecto del Padre.