San Juan Bautista de la Concepción (Juan Bautista de la Concepción) aparece, en la memoria de la Iglesia, como un «hijo de la Iglesia» cuya testimonio conserva «integridad y frescura» a lo largo del tiempo.1,2
Pertenece a la Orden de la Santísima Trinidad
Ingresó en la familia religiosa de los trinitarios, una Orden fundada en 1198 por san Juan de Matha.1
En el relato de su vida se subraya que su empeño no se limita a la práctica personal de la santidad, sino que se orienta a restaurar el fervor y la forma de vida de la propia Orden, es decir, a promover una reforma auténtica.1,3
