La ruptura religiosa y la legislación contra los sacerdotes
La vida de Juan Boste transcurrió en el periodo posterior al cisma de Enrique VIII, cuando la Corona inglesa asumió el gobierno de la Iglesia en el reino. Isabel I consolidó esa política mediante el Acta de Supremacía y el Acta de Uniformidad de 1559, que obligaban a los súbditos a reconocer a la reina como gobernadora suprema de la Iglesia de Inglaterra y a asistir al culto oficial.
La situación se endureció en 1570, cuando san Pío V publicó la bula Regnans in Excelsis y declaró excomulgada a la reina.1 A partir de entonces el poder civil identificó cada vez más al sacerdote católico con un agente al servicio de una potencia extranjera. La legislación posterior castigó con la pena capital a los sacerdotes ordenados en el extranjero que pisaran suelo inglés, y también a quienes los acogieran o los ayudaran. El Acta contra los jesuitas y los sacerdotes de los seminarios, de 1585, convirtió el simple ejercicio del sacerdocio en delito de alta traición.
El norte de Inglaterra
Las regiones septentrionales conservaron con especial arraigo la antigua fe. En 1569 estalló allí la rebelión de los condes del Norte, vinculados a las casas de Neville y Percy, que el gobierno sofocó con represalias muy duras. Tras ese episodio, el norte quedó bajo una vigilancia constante, pero muchas familias de la nobleza y de la pequeña propiedad rural siguieron protegiendo a los sacerdotes y asistiendo a la misa en secreto. En ese territorio, extenso, accidentado y de población dispersa, desarrolló Juan Boste su misión.



