Las descripciones más llamativas de Juan de Alvernia se refieren a su vida interior, marcada por la oración y por una sensibilidad intensa hacia el misterio de la salvación. En particular, se narra que, un día de Conmemoración de todos los fieles difuntos (All Souls’ Day) mientras celebraba la Santa Misa, vio «innumerables almas liberadas del Purgatorio».
Además, se menciona que, durante un período, fue consciente de la presencia habitual de su ángel custodio, y que este «le conversaba». El relato no presenta este episodio como mera emoción, sino como una forma de acompañamiento espiritual durante un tiempo determinado.
Penitencia con sentido: el papel del discernimiento
La hagiografía atribuye un giro decisivo a su camino. Se dice que, con el paso del tiempo, sus austeridades llegaron a ser excesivas y que san Francisco —en visión— le ordenó moderar sus prácticas. El motivo no era negar la penitencia, sino evitar que, al exagerarla, Juan pudiera «no estar apto» para el «servicio activo» del prójimo, para el cual pronto sería llamado.
Este punto es teológicamente muy significativo: la fuente enlaza explícitamente la contemplación con la caridad activa, mostrando que la vida ascética auténtica tiende a ordenarse según la voluntad de Dios y según las necesidades de la Iglesia.