Nacimiento e infancia
Juan Canzio, como se le conoce también en latín (Ioannes Cantii), nació el 23 de junio de 1390 en Kęty, una localidad cercana a Cracovia, en la actual diócesis de Cracovia, Polonia.1 Provenía de una familia humilde de campesinos piadosos, Stanislao y Ana, quienes desde temprana edad fomentaron en él una educación cristiana sólida. Desde niño destacó por su inteligencia y aplicación al estudio, lo que le permitió ingresar pronto en la prestigiosa Universidad Jagellónica de Cracovia, fundada en 1364 y considerada la madre de las escuelas polacas.3,2
Sus padres, personas de posición respetable en el ámbito rural, reconocieron su vocación intelectual y lo enviaron a la academia, donde rápidamente impresionó a profesores y compañeros por su carácter afable, humilde y devoto.2,4
Formación académica y ordenación sacerdotal
A los 27 años, Juan ya era profesor de filosofía en la Universidad de Cracovia, demostrando un progreso excepcional en las ciencias filosóficas y teológicas. Obtuvo los grados de bachiller, maestro y doctor, y fue ordenado sacerdote a los 34 años.1,2 Continuó su labor docente, impartiendo clases de teología y Sagrada Escritura, lo que le valió el reconocimiento como uno de los grandes maestros de la institución.5,3
Su enseñanza no se limitaba al aula: promovía la devoción a la Eucaristía y un amor filial a la Virgen María, integrando la fe en el rigor académico.6 La universidad se convirtió en su hogar espiritual, donde forjó una «genealogía de maestri» que perduró siglos después.3
Ministerio parroquial en Olkusz
Pese a su éxito académico, fue enviado como párroco a Olkusz, en la diócesis de Cracovia, donde se distinguió como modelo de piedad y caridad. Allí atendió a los fieles con dedicación, aunque inicialmente temió la responsabilidad pastoral y abandonó el cargo poco después por humildad.1,2,4 Durante su estancia, ganó el afecto de la parroquia: al partir, los feligreses lo acompañaron con lágrimas, y él les exhortó a cantar de alegría si había obrado bien en ellos.4
Fue elegido preceptor de los príncipes polacos, utilizando su salario para alimentar a los pobres que buscaba en las calles, lo que le granjeó universal estima.1
Regreso a Cracovia y vida adulta
De vuelta en la universidad, ocupó la cátedra de Sagrada Escritura hasta su muerte, rechazando honores mundanos. Su vida fue de extrema austeridad: dormía en el suelo, ayunaba de carne tras doctorarse, comía parcamente y realizaba peregrinaciones a pie: una a Jerusalén, deseando el martirio entre los turcos, y cuatro a Roma.2,4
Distribuía todo su dinero y ropa a los pobres, reteniendo solo lo indispensable. Su divisa era: «Cave conturbare: non est placare suave; cave infamare: nam revocare grave» (Guárdate de turbar: no es dulce apaciguar; guárdate de difamar: pues retractar es grave).2

