San Juan Grande

San Juan Grande, cuyo nombre de pila era Juan Grande Román (Carmona, 6 de marzo de 1546 - Jerez de la Frontera, 3 de junio de 1600), fue un santo católico español, religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, conocido por su incansable dedicación a los más necesitados, especialmente prisioneros, enfermos abandonados y marginados. Fundador del hospital de Nuestra Señora de la Candelaria en Jerez de la Frontera, practicó las obras de misericordia con una profunda vida de oración y devoción a la Santísima Trinidad. Beatificado en 1853 por el papa Pío IX y canonizado el 2 de junio de 1996 por San Juan Pablo II durante la Solemnidad de la Santísima Trinidad, es patrono de la diócesis de Jerez y modelo para los hermanos hospitalarios.1,2
Tabla de contenido
Biografía
Infancia y formación
Juan Grande Román nació el 6 de marzo de 1546 en Carmona, cerca de Sevilla, en el seno de una familia cristiana profundamente piadosa. Hijo de Cristóforo Grande, un artesano, y de Isabel Román, quedó huérfano de padre a los once años. Recibió una sólida educación cristiana en su hogar y, desde los siete hasta los doce años, sirvió como fanciullo del coro en la parroquia local, donde fue bautizado por el párroco Andrés Muñoz. Posteriormente, perfeccionó su formación humana y profesional en Sevilla, aprendiendo el oficio de tejedor.1
A los diecisiete años, regresó a Carmona y se dedicó al comercio de tejidos. Sin embargo, esta actividad profesional desencadenó en él una profunda crisis espiritual, que lo llevó a cuestionar su camino vital. Abandonó su familia y se retiró al eremitorio de Santa Olalla en Marchena, donde pasó un año en oración intensa para discernir su vocación. Allí, se despojó de sus ropas seculares, adoptó un rudo sayal y se autodenominó «Juan Pecador» o «Giovanni Peccatore», renunciando al matrimonio y consagrándose totalmente a Dios.1
Llegada a Jerez y servicio a los pobres
A los diecinueve años, Juan Grande se trasladó a Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz, donde inició una vida de radical caridad. Comenzó atendiendo a los detenutos del Carcere Reale, así como a convalecientes e incurables abandonados en las calles. Para sostener su labor, pedía limosna por las vías públicas, al tiempo que frecuentaba la iglesia de los franciscanos para orar y buscar consejo espiritual. Su generosidad pronto conquistó la admiración de los jerezanos, que veían en él un auténtico testigo del Evangelio.1
En 1574, una grave epidemia azotó Jerez, revelando la precaria asistencia a los enfermos pobres. Ante la inacción general, Juan Grande presentó un memorial a las autoridades municipales, urgiéndolas a tomar medidas urgentes, mientras él mismo socorría a los abandonados. Esta experiencia lo impulsó a fundar un hospital propio, dedicado a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelora, que se amplió progresivamente gracias a su esfuerzo y al de sus primeros colaboradores.1
Reformas hospitalarias y desafíos
La situación asistencial en Jerez era caótica, con múltiples pequeños centros ineficaces y plagados de intereses personales. Las autoridades civiles decidieron racionalizarlos para mejorar el servicio, lo que generó resistencias. El hospital de Juan Grande también se vio afectado, pero él defendió su labor con un memorial detallado, destacando la «diligenza, cura y molta carità» con que atendían a los pobres. El cardenal-arcobispo de Sevilla, Rodrigo de Castro, lo eligió para supervisar la reducción de estos centros, reconociendo su espíritu, vocación y experiencia. Juan Grande afrontó las oposiciones con valentía, sensibilidad y virtud, demostrando ser un organizador experto y una conciencia crítica ante las injusticias.1
Además, cuidó personalmente de una anciana pareja abandonada, alojándolos en su casa y mendigando para ellos, lo que reforzó su llamada al servicio de los marginados: prostitutas, soldados enfermos expulsados del ejército, niños abandonados y casos urgentes.1
Unión a la Orden Hospitalaria
Conociendo la obra de San Juan de Dios en Granada, Juan Grande viajó allí en 1574 y decidió unirse a su instituto, adoptando sus reglas en su hospital. Su ejemplo atrajo compañeros, a quienes formó según los estatutos de la orden, permitiendo expandir su apostolado a localidades como Medina Sidonia, Arcos de la Frontera, Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda y Villamartín. Así, se convirtió en un pilar de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, practicando todas las obras de misericordia corporal y siendo un «Buen Samaritano» en la asistencia sanitaria.1
Espiritualidad
La vida de San Juan Grande se sustentaba en una intensa vida interior, alimentada por la oración constante y afectiva. Expresaba su amor a Dios repetidamente, hasta el punto de que sus hermanos debían arrastrarlo fuera de la capilla para concluir las oraciones nocturnas. Dios era el centro de su existencia, el fundamento de su voluntad, conciencia y acciones.2
En su testamento, dejó una confesión emblemática sobre su fe en la Santísima Trinidad:
Que el Señor «guarde mi entendimiento para creer como siempre he creído y creo el misterio incomprensible de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y una esencia divina que vive y reina por siempre sin fin».2,3,4
Hablaba del misterio trinitario con tal devoción que inspiraba a quienes lo oían a contemplarlo con mayor fe, dando gloria a Dios. Encarnó el Evangelio de las Bienaventuranzas, respondiendo al amor divino con santidad y sirviendo al prójimo como cuestión de conciencia, sin indiferencia ante el sufrimiento.2
Muerte y canonización
En 1600, a los 54 años, una epidemia de peste devastó Jerez. San Juan Grande se prodigó sin descanso atendiendo a los contagiados, hasta contagiarse él mismo y morir el 3 de junio de 1600. Su sacrificio culminó una vida de «hacer bien el bien», como profeta de la misericordia.1
Fue beatificado el 13 de noviembre de 1853 por el papa Pío IX y canonizado el 2 de junio de 1996 por San Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro, durante la Solemnidad de la Santísima Trinidad. El Papa lo presentó como modelo para los hermanos de San Juan de Dios y patrono principal de la diócesis de Jerez, un «don de Dios» para su ciudad.1,2
Legado
San Juan Grande es venerado el 3 de junio. Su ejemplo invita a los cristianos contemporáneos a vivir el amor trinitario mediante el servicio concreto a los pobres y enfermos, en pastoral hospitalaria y obras de misericordia. Como organizador de hospitales y defensor de los débiles, permanece como intercesor ante las injusticias sanitarias y sociales.1,2
Su memoria viva en Jerez y en la Orden Hospitalaria subraya que la santidad nace de la oración y se manifiesta en la caridad práctica, recordándonos que «no se puede ser indiferente ante la suerte de los pobres».2
Citas
Resumen biográfico, el Dicasterio para las Causas de los Santos. Juan Grande Román (1546‑1600) - Biografía (1996). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11
Papa Juan Pablo II. 2 de junio de 1996: Solemnidad de la Santísima Trinidad y canonización de tres Beatos - Homilía (1996). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7
Papa Juan Pablo II. Jean Gabriel Perboyre (1802‑1840) - Homilía, § 5 (1996). ↩
Papa Juan Pablo II. Juan Grande Román (1546‑1600) - Homilía, § 5 (1996). ↩
