Infancia y juventud
Juan Grande Román nació en Carmona, localidad de la archidiócesis de Sevilla, en 1546. Sus padres eran cristianos piadosos y procuraron ofrecerle una educación religiosa. Recibió el bautismo en la parroquia de San Pedro, donde también ejerció durante su infancia como niño de coro.1
La muerte de su padre, cuando Juan tenía aproximadamente once años, modificó profundamente la situación familiar. Durante un tiempo trabajó como aprendiz de tejedor en Sevilla y, más tarde, regresó a Carmona, donde se dedicó al comercio de tejidos. La actividad mercantil no apagó su inquietud espiritual; al contrario, le llevó a preguntarse por el sentido de su vida y por la voluntad de Dios.1
A los diecisiete años abandonó temporalmente sus ocupaciones y buscó un lugar de retiro para discernir su vocación. Durante aquel periodo de oración y penitencia decidió consagrarse a Dios en castidad perpetua. También adoptó una forma de vida austera y pidió que lo llamaran Juan Pecador, expresión de humildad que conservó durante gran parte de su existencia.1
El descubrimiento de su vocación
La experiencia decisiva llegó cuando Juan acogió y atendió a una pareja de ancianos abandonados. Aquel servicio le permitió comprender que su camino espiritual no consistía únicamente en la soledad y la penitencia, sino también en la entrega concreta a las personas pobres y necesitadas.
A los diecinueve años marchó a Jerez de la Frontera, donde comenzó a visitar a los presos y a cuidar a enfermos abandonados, especialmente a quienes padecían enfermedades incurables. Pedía limosna para conseguir alimentos, medicinas, ropa y otros recursos destinados a quienes carecían de familia o de medios económicos. También buscó orientación espiritual entre los frailes franciscanos.
Su actividad llamó pronto la atención por la combinación de oración, austeridad y eficacia práctica. Juan no reducía la caridad a una ayuda ocasional: organizaba recursos, visitaba a los necesitados y procuraba que cada persona recibiera atención material y espiritual.




