Infancia y formación
Giovanni Leonardi nació en 1541 en Diecimo, localidad de la provincia de Lucca, entonces vinculada a la República de Lucca. Fue el menor de siete hermanos y creció en una familia de modestos propietarios, marcada por el trabajo y la práctica religiosa. A los diecisiete años, su padre lo envió a Lucca para formarse en el oficio de speziale, nombre que recibía en aquella época el profesional dedicado a preparar y vender remedios, esencias y medicamentos.2
Durante aproximadamente una década frecuentó una botica y adquirió la preparación necesaria para ejercer legalmente la profesión. Su contacto con la enfermedad y con las necesidades de las personas influyó en su concepción posterior del ministerio sacerdotal: Leonardi entendía a Cristo como la verdadera «medicina de Dios», capaz de sanar al ser humano en su dimensión más profunda.3
La experiencia de fe de su familia y su participación en un grupo de laicos comprometidos con la vida cristiana, conocidos como los Colombini, orientaron progresivamente su vocación. Aquellos laicos procuraban vivir con mayor radicalidad el Evangelio y atender a los pobres, especialmente en un contexto de crisis social. El servicio a los necesitados llevó a Leonardi a discernir su llamada al sacerdocio.1
Ordenación sacerdotal
Después de abandonar la botica, Leonardi emprendió una formación teológica privada y posteriormente recibió la ordenación sacerdotal. La documentación biográfica ofrece distintas precisiones sobre la fecha de su ordenación; la audiencia de Benedicto XVI recuerda que celebró su primera misa el día de la Epifanía de 1572.2
Desde los primeros años de su ministerio atendió de manera particular a los enfermos, los pobres y los presos. Su apostolado unía la predicación, la catequesis y las obras de misericordia. No entendía la reforma cristiana como una simple reorganización institucional, sino como una renovación de la vida según el Evangelio, comenzando por la conversión personal y por el encuentro con Jesucristo.
Su principio espiritual más característico quedó expresado en la fórmula «es necesario recomenzar desde Cristo». Para Leonardi, el primado de Cristo constituía el criterio de toda decisión pastoral y el fundamento de la reforma del clero, de la educación cristiana y de la misión de la Iglesia.3



