En las recopilaciones antiguas que registran los mártires con el nombre de «Julián», aparece con particular importancia el santo de origen cilicio venerado en relación con Anazarbus. En la tradición se le denomina a menudo «Julián de Antioquía», no porque su historia comience allí, sino porque su cuerpo —según la noticia transmitida— habría sido llevado posteriormente a Antioquía.1
Este matiz es decisivo para comprender cómo se formó el recuerdo del santo: la persona permanece asociada a Cilicia (Anazarbus), mientras que el lugar del culto se fija en Antioquía por la suerte de sus restos.1

