Composición, corrección y organización de libros de culto
La tradición literaria vinculada a Julián lo presenta como autor de gran actividad en el ámbito litúrgico. Un testimonio biográfico atribuye al arzobispo tareas precisas: conservó los oficios eclesiásticos en la sede de su gobierno, corrigió utilmente elementos considerados defectuosos y completó o estableció órdenes para celebrar el culto divino.
El mismo pasaje describe su actividad como compositor: elaboró textos para el servicio litúrgico, confeccionó himnarios y reunió libros de misas distribuidos a lo largo del año; además, preparó un libro de oraciones destinado a festividades que la Iglesia toledana celebraba en todo el ciclo anual. La fuente subraya también su atención a la música y al carácter apto de las melodías y piezas para el canto litúrgico.
Este conjunto revela que Julián no se limitó a actuar como administrador de una tradición heredada: asumió un papel de editor y maestro de la celebración, con criterios de corrección, ordenación y continuidad.
Interacción entre la liturgia hispana y la evolución posterior
El influjo de los libros ordenados por San Julián se percibe también en la historia de los sacramentarios y en la recepción de tradiciones litúrgicas posteriores. Un estudio sobre la transmisión litúrgica en la España visigoda explica que la ordenación gregoriana influyó en el uso de libros de culto, pero, en esa historia, sitúa a Julián como artífice de la organización de los libros de la antigua liturgia hispana.
En un examen del testimonio manuscrito toledano de tradición cuaresmal y pascual, se insiste en la misma línea: el llamado «arquetipo» de ciertos libros posteriores contiene elementos que remiten a la época visigótica, y la tradición toledana aparece vinculada a la ordenación de la liturgia hispana realizada por San Julián.