Ladislao aparece en la memoria religiosa de Hungría como uno de los héroes nacionales cristianos del reino. La tradición lo presenta como hijo de Béla I, y como rey elegido por los nobles húngaros en 1077.1
Su figura se comprende mejor dentro del proceso por el que Hungría consolidó la fe católica y organizó su vida eclesial en torno a los grandes comienzos impulsados por San Esteban I. En esa línea, Ladislao aparece como un sucesor espiritual y político: fortaleció fronteras, protegió a la comunidad cristiana y trabajó por una disciplina más fiel al espíritu del Evangelio.3,4


