El otro Lázaro en el Nuevo Testamento es el hermano de Marta y María de Betania, a quien Jesús resucitó de entre los muertos. Este milagro, narrado en el Evangelio de Juan (capítulo 11), es uno de los más poderosos de la vida pública de Jesús.
La Historia de la Resurrección
Lázaro y sus hermanas, Marta y María, eran amigos queridos de Jesús,. Cuando Lázaro enfermó, sus hermanas enviaron un mensaje a Jesús, diciendo: «Señor, aquel a quien amas está enfermo»,. Jesús, al oír esto, afirmó que la enfermedad no era para muerte, sino para la gloria de Dios. Sin embargo, Jesús se quedó dos días más en el lugar donde estaba antes de decidir ir a Judea,.
Al llegar a Betania, Jesús encontró que Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro,. Marta salió a su encuentro y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús le respondió: «Tu hermano resucitará». Marta creía en la resurrección en el último día, pero Jesús le declaró: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá»,.
Jesús se conmovió profundamente al ver el llanto de María y los judíos que la acompañaban. Preguntó dónde lo habían puesto y, al llegar al sepulcro, que era una cueva con una piedra en la entrada, ordenó que quitaran la piedra. A pesar de la objeción de Marta sobre el mal olor, Jesús oró al Padre y luego, con voz fuerte, llamó: «¡Lázaro, sal fuera!»,. Inmediatamente, el que había estado muerto salió, atado de pies y manos con vendas, y con el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo ir».
Este milagro llevó a muchos judíos a creer en Jesús, pero también provocó que los sumos sacerdotes y fariseos conspiraran para matarlo, e incluso buscaron matar a Lázaro debido a la multitud de personas que creían en Jesús por su causa. Poco después de su resurrección, Lázaro participó en un banquete que Simón el Leproso ofreció a Jesús en Betania, siendo una prueba viviente de su resurrección,,.
Tradiciones Posteriores y Culto
Las Escrituras no ofrecen más detalles sobre la vida posterior de Lázaro de Betania,. Sin embargo, varias tradiciones se desarrollaron en torno a él:
Tradición Oriental: Según una tradición oriental, Lázaro, junto con sus hermanas y otros discípulos, fue puesto en un barco sin remos por los judíos en Jaffa. Por intervención divina, llegaron a salvo a la isla de Chipre. Allí, se dice que Lázaro fue nombrado obispo de Kition (Larnaca) y murió en paz después de treinta años. En el año 890, el emperador León VI construyó una iglesia y un monasterio en su honor en Constantinopla y trasladó algunas de sus supuestas reliquias desde Chipre.
Tradición Occidental (Provenzal): En Occidente, a partir del siglo XI, surgió una leyenda que vinculaba a Lázaro con la evangelización de la Provenza, en Francia,. Esta tradición, a menudo combinada con la leyenda de María Magdalena, sostiene que Lázaro, sus hermanas y otros discípulos fueron abandonados en un barco sin velas ni timón, y milagrosamente llegaron a Saintes-Maries en Provenza. Lázaro habría ido a Marsella, donde convirtió a muchos y se convirtió en su primer obispo. Se cree que fue martirizado bajo el emperador Domiciano y enterrado en una cripta sobre la cual se construyó la abadía de San Víctor. Se dice que sus reliquias fueron trasladadas a Autun, aunque la tradición oriental sobre su entierro en Chipre tiene más fundamento.
La memoria de Lázaro ha sido honrada devocionalmente en la Iglesia desde los primeros tiempos, tanto en Jerusalén como en todo el mundo cristiano. Se realizaban procesiones al Lazarium (el lugar donde fue resucitado) el sábado antes del Domingo de Ramos, una celebración que también se extendió a la Iglesia Occidental, donde el Domingo de Pasión en Milán era llamado Dominica de Lazaro.
Distinción entre los dos Lázaros
Es importante destacar que la Iglesia Católica distingue claramente entre el Lázaro de la parábola y Lázaro de Betania. Aunque comparten el mismo nombre, son figuras diferentes en los relatos bíblicos. La confusión histórica entre ambos ha llevado a que la orden militar de los Caballeros Hospitalarios de San Lázaro de Jerusalén, por ejemplo, tome su nombre del «Lázaro, lleno de llagas» de la parábola, no del Lázaro de Betania.