Origen familiar y formación
Leandro nació probablemente hacia el año 534 en Cartagena, entonces bajo dominio visigodo, en el seno de una familia hispanorromana. Su padre, Severiano, aparece en la tradición como un personaje de posición social elevada, aunque san Isidoro lo presenta sencillamente como ciudadano de Cartagena, sin atribuirle el título de duque o gobernador. La familia abandonó la ciudad hacia 554 y se estableció en Sevilla.1
Leandro fue el mayor de una familia especialmente vinculada a la vida de la Iglesia. Sus hermanos fueron san Isidoro, que le sucedería en la sede hispalense; san Fulgencio, obispo de Écija; y santa Florentina, consagrada a Dios y vinculada a comunidades femeninas de vida ascética. Esta familia episcopal y monástica constituye uno de los núcleos religiosos más relevantes de la Hispania visigoda.1,2,3
Durante su juventud, Leandro recibió una formación clásica y cristiana. Ingresó en la vida monástica antes de acceder al episcopado y convirtió el estudio de la Escritura, la teología y la tradición eclesial en instrumentos para la defensa de la fe y la formación del clero. Más tarde fundó en Sevilla una escuela que llegó a ser un centro de enseñanza y de ortodoxia, donde recibió formación su hermano Isidoro.1,2
Obispo de Sevilla
Leandro ocupó la sede episcopal de Sevilla desde aproximadamente 579. La diócesis hispalense tenía una importancia particular: Sevilla era una de las principales ciudades de la Bética y su obispo ejercía una notable influencia religiosa y cultural en el sur de la península. La sede había adquirido gran relieve desde la Antigüedad tardía y alcanzó especial esplendor con Leandro e Isidoro.4
El episcopado de Leandro coincidió con una profunda división religiosa. La población hispanorromana era mayoritariamente católica, mientras que buena parte de la aristocracia y de la monarquía visigodas profesaba el arrianismo. La controversia no constituía una simple diferencia disciplinar: afectaba a la comprensión de Jesucristo, de la Trinidad y de la unidad de la Iglesia.
Leandro trabajó simultáneamente en tres ámbitos:
- La defensa doctrinal de la fe católica.
- La conversión de dirigentes visigodos.
- La formación intelectual y espiritual del clero y de los monjes.
Su actuación combinó la predicación, la correspondencia, la educación y la intervención pastoral en los conflictos políticos y religiosos del reino.



