San Luis IX vivió con intensidad la cuestión de Tierra Santa, y asumió las Cruzadas como expresión de compromiso cristiano. Entre sus campañas destacó su carácter personal: caminó hacia decisiones exigentes, sostuvo la vida de oración incluso en la adversidad y buscó ordenar su expedición según la conciencia moral cristiana.
La primera Cruzada (1248-1250): hacia Egipto y la caída
En 1244, una grave enfermedad y las noticias sobre la situación de los cristianos impulsaron su decisión de tomar la cruz. En 1248 salió hacia el Oriente, con objetivos centrados en Egipto. Llegó a Damieta, donde realizó una entrada caracterizada por humildad más que por orgullo militar: avanzó con pasos penitentes y acompañamiento, y prohibió el saqueo y los crímenes, mandando reparar daños y evitando matar a quienes podían capturarse.,
El avance encontró límites: dificultades naturales, enfermedad y resistencia. En 1250, San Luis fue capturado y su ejército sufrió derrotas graves.,
Oración y dignidad en el cautiverio
Durante su cautiverio, continuó rezando el Oficio divino cada día con capellanes, como si permaneciera en su palacio. La tradición lo describe también como firme ante amenazas, con serenidad que obligó a sus guardias a respetar su autoridad.
El rescate y el orden moral de la expedición
El sultán propuso un rescate por San Luis y por los prisioneros. San Luis rechazó la lógica de redención por dinero como criterio principal y propuso liberar a los suyos entregando la ciudad y destinando el tesoro para rescate colectivo. Tras el desenlace, algunos prisioneros heridos y enfermos sufrieron traición: el contraste subraya la tensión entre ideales cristianos y la violencia política del entorno bélico.
La segunda Cruzada (1270): Túnez y el final del rey
San Luis anunció otra Cruzada hacia 1267. Muchos contemporáneos miraron con inquietud esa decisión: temieron por su salud y por el riesgo de alejar al rey, frágil ya por el desgaste y la austeridad. Cronistas como Joinville criticaron moralmente a quienes empujaron al rey a emprender el viaje.,
En 1270 embarcó desde Aigues-Mortes con su ejército, tomó rumbo hacia el Mediterráneo y desembarcó en Túnez. Allí, el rey y su hijo mayor contrajeron fiebre tifoidea. La muerte llegó pocos días después.,
El testamento espiritual y la recepción sacramental
San Luis recibió los últimos sacramentos el domingo 24 de agosto y pidió oraciones y atención espiritual. Llamó a embajadores griegos y manifestó su deseo de reunión con la Iglesia de Roma, en línea con su celo por la comunión eclesial. La tradición narra su oración final y el encargo de su alma a Dios.