Infancia y vocación sacerdotal
Luigi Orione nació en Pontecurone, localidad perteneciente a la diócesis de Tortona, el 23 de junio de 1872. Su padre trabajaba como cantero y pavimentador de caminos; su madre, profundamente creyente, ejerció una notable influencia en su formación religiosa y humana.1
Aunque desde joven sintió la llamada al sacerdocio, entre 1882 y 1885 ayudó a su padre en el trabajo. El 14 de septiembre de 1885, cuando tenía trece años, ingresó en el convento franciscano de Voghera. Una grave pulmonía puso su vida en peligro y tuvo que regresar a su familia en junio de 1886.1
Entre octubre de 1886 y agosto de 1889 estudió en el Oratorio de Valdocco, en Turín, dirigido por los salesianos. Allí conoció a san Juan Bosco, quien descubrió sus cualidades y le mostró una particular estima. Orione también entró en contacto con la obra de san José Benito Cottolengo, cuya atención a los enfermos y abandonados influyó en su sensibilidad apostólica.1,3
En octubre de 1889 comenzó los estudios de filosofía en el seminario de Tortona. Durante sus años de formación se interesó por las dificultades sociales y religiosas de su tiempo y participó en iniciativas de ayuda al prójimo, como la Sociedad de Socorro Mutuo de San Marciano y la Conferencia de San Vicente de Paúl.1
Primeras obras apostólicas
A los veinte años, Orione abrió en Tortona su primer oratorio, el 3 de julio de 1892. El proyecto ofrecía a los muchachos formación cristiana, educación y un ambiente de protección. Al año siguiente, el 15 de octubre de 1893, fundó un colegio para jóvenes pobres en el barrio de San Bernardino.1,4
El 13 de abril de 1895 recibió la ordenación sacerdotal. En la misma celebración, el obispo impuso el hábito clerical a seis alumnos de su colegio. A partir de entonces, Orione extendió su apostolado entre los jóvenes y promovió nuevas casas en Mornico Losana, Noto, San Remo y Roma. Alrededor del joven sacerdote comenzaron a reunirse seminaristas y sacerdotes que formarían el primer núcleo de su familia religiosa.1,3
Su actividad no pretendía reducirse a la asistencia material. Orione quería llevar a los jóvenes, a los pobres y al pueblo a la Iglesia mediante la educación, la caridad y la proclamación del Evangelio. Para él, la ayuda cristiana debía atender a la persona entera y conducirla al encuentro con Cristo.3,5





