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San Macario el Milagroso

San Macario el Milagroso, también llamado San Macario de Pelekete, fue un monje, abad y confesor bizantino del siglo IX. Vivió en Constantinopla y en el monasterio de Pelekete, en Bitinia, donde adquirió fama de taumaturgo. Defendió la veneración cristiana de las imágenes sagradas durante la segunda fase de la controversia iconoclasta y sufrió prisión, torturas y destierro por mantener su fidelidad a la doctrina tradicional de la Iglesia.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Macario el Milagroso
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • el Milagroso
  • Macario
DescripciónMonje bizantino del siglo IX, abad de Pelekete y defensor de la veneración de imágenes; sufrió prisión, torturas y destierro por su fe. aprox. 830
Lugar de NacimientoConstantinopla
Lugar de MuerteIsla de Afusia, Bitinia
Autoridades ImplicadasPatriarca Tarasio, Emperador León V, Emperador Miguel II
Contexto HistóricoSegunda fase de la iconoclasia bizantina (siglo IX)
Fecha de Celebración18 de agosto
LugarMonasterio de Pelekete, Bitinia (Asia Menor)
Miembro deMonacato bizantino
TipoSanto, Monje, abad y confesor

Tabla de contenido

Identidad y distinción de otros santos llamados Macario

El nombre Macario procede del griego makários, «bienaventurado» o «dichoso». La frecuencia de este nombre en el mundo cristiano oriental ha provocado confusiones entre santos de épocas y regiones diferentes.2

San Macario el Milagroso no debe confundirse con los dos grandes ascetas egipcios del siglo IV:

  • San Macario el Egipcio, llamado también Macario el Grande, fundador de una colonia monástica en Escete, en el desierto egipcio, fallecido hacia el año 390.2
  • San Macario de Alejandría, contemporáneo del anterior y fallecido aproximadamente a finales del siglo IV.3

La tradición monástica egipcia pertenece al nacimiento del anacoretismo y del semianacoretismo cristiano en el desierto. San Macario de Pelekete, en cambio, pertenece al mundo monástico bizantino de los siglos VIII y IX, marcado por las luchas en torno a la legitimidad de las imágenes sagradas.

Tampoco debe confundirse con Macario de Antioquía, personaje relacionado con las controversias cristológicas del siglo VII.4

Vida

Origen y formación

La tradición hagiográfica presenta a Macario como natural de Constantinopla y como un hombre dotado de una formación intelectual notable. Desde joven mostró especial inclinación por las Sagradas Escrituras, cuyo conocimiento adquirió con rapidez y profundidad. Antes de abrazar la vida monástica llevaba el nombre de Cristóforo, pero adoptó el de Macario al ingresar en el monasterio de Pelekete.

La biografía griega atribuida al monje Sabas constituye el relato principal de su vida. Alban Butler recoge que esta narración fue publicada en los Analecta Bollandiana y que determinadas cartas de san Teodoro el Estudita ofrecen elementos que corroboran algunos aspectos históricos de la tradición.1

La información sobre sus primeros años procede principalmente de esa tradición hagiográfica. Por ello, conviene distinguir entre los datos que cuentan con apoyo documental y los episodios edificantes transmitidos por la memoria monástica.

Vida en Pelekete

Macario ingresó en el monasterio de Pelekete, situado en Bitinia, región del noroeste de Asia Menor. Allí destacó por la oración, la disciplina ascética y la atención espiritual a los monjes y a los peregrinos.

La comunidad lo eligió abad. Durante su gobierno, Pelekete adquirió fama como lugar de santidad y curación. Numerosas personas acudían al monasterio buscando ayuda para enfermedades corporales y sufrimientos espirituales. La tradición atribuye a Macario numerosos milagros, razón por la que recibió el sobrenombre de el Milagroso.

La hagiografía relata también la relación de Macario con el patriarca de Constantinopla san Tarasio. El patriarca había recibido noticias de la santidad del abad y envió a buscarlo mediante el patricio Pablo, quien, de acuerdo con el relato, había experimentado personalmente una curación atribuida a la intercesión de Macario. Tarasio recibió al monje, le impartió su bendición y lo ordenó sacerdote antes de permitirle regresar a Pelekete.1

El episodio refleja un modelo frecuente de la espiritualidad bizantina: el reconocimiento de la autoridad moral de un monje por parte de la jerarquía eclesiástica. La fama de santidad no procedía únicamente de la reclusión ascética, sino también del servicio espiritual que el monasterio prestaba a la Iglesia y a los fieles.

El monasterio de Pelekete

Localización y función monástica

Pelekete se encontraba en Bitinia, territorio que albergaba numerosas comunidades monásticas próximas a Constantinopla. La región ocupaba una posición estratégica: estaba suficientemente cerca de la capital para mantener contacto con la corte y con el patriarcado, pero ofrecía también espacios apartados adecuados para la vida contemplativa.

Los monasterios bizantinos no constituían únicamente lugares de retiro individual. Funcionaban como comunidades de oración, centros de formación, espacios de copia de manuscritos y núcleos de resistencia espiritual en tiempos de persecución. El monacato oriental tuvo un peso considerable en las controversias teológicas, especialmente durante la crisis iconoclasta.5

Pelekete dentro de la red iconódula de Bitinia

La importancia de Pelekete creció por su vinculación con la red de monasterios iconódulos de Bitinia. El término iconódulo designa a quienes defendían la veneración legítima de los iconos, es decir, de las imágenes sagradas de Cristo, de la Virgen y de los santos.

Estas comunidades no entendían la veneración de los iconos como adoración de la materia. La adoración corresponde únicamente a Dios; la veneración de una imagen se dirige a la persona representada. La defensa de las imágenes se apoyaba en la realidad de la Encarnación: el Hijo eterno de Dios asumió una naturaleza humana visible y, por tanto, pudo ser representado. El papa Benedicto XVI explicó esta relación al presentar la doctrina de san Teodoro el Estudita: negar la veneración del icono de Cristo implicaría oscurecer la verdad de que el Verbo eterno apareció visiblemente en la carne humana.6

Pelekete formaba parte de un ambiente monástico más amplio, relacionado espiritualmente con comunidades como Saccudion y Studion. San Teodoro el Estudita, principal reformador del monacato bizantino y defensor de los iconos, había desarrollado su actividad en Bitinia antes de trasladarse con sus monjes al monasterio de Studion, en Constantinopla.7,7

La red bitinia de monasterios iconódulos cumplía varias funciones:

  • Conservar la tradición doctrinal recibida de los Padres de la Iglesia.
  • Formar monjes y clérigos capaces de defender la doctrina sobre las imágenes.
  • Mantener la liturgia y la iconografía tradicional durante los periodos de represión.
  • Proteger a monjes perseguidos por su fidelidad a la veneración de los iconos.
  • Transmitir cartas, testimonios y memorias sobre los confesores encarcelados o desterrados.

El ejemplo de Studion muestra la dimensión de esta organización monástica. Bajo san Teodoro, la comunidad llegó a reunir centenares de monjes y ejerció una influencia muy superior a la de una simple comunidad local.6

Aunque la documentación conservada sobre Pelekete resulta más reducida que la relativa a Studion, su recuerdo como monasterio de orientación iconódula permite situar a san Macario dentro del movimiento monástico que sostuvo la defensa de las imágenes durante la segunda iconoclasia.

San Macario y la controversia iconoclasta

Contexto histórico

La primera gran fase de la iconoclasia bizantina comenzó en el siglo VIII. Después de la restauración de la veneración de las imágenes en el II Concilio de Nicea, celebrado en el año 787, la política iconoclasta reapareció bajo el emperador León V el Armenio, que reinó entre los años 813 y 820. Esta segunda fase resultó menos radical en algunos aspectos que la primera: podía tolerar la existencia material de las imágenes, pero rechazaba su veneración religiosa.7

La oposición iconoclasta afectó de modo especial a los monasterios. Los emperadores iconoclastas entendían que los monjes constituían uno de los principales apoyos de la veneración de las imágenes. Por ese motivo, las medidas contra los iconos estuvieron acompañadas con frecuencia por persecuciones contra las comunidades monásticas.5

Defensa de la veneración de los iconos

Macario se negó a aceptar la política religiosa de León V. Como abad y como figura reconocida entre los monjes de Bitinia, su resistencia tenía un significado público. No defendía una preferencia artística, sino una doctrina vinculada a la Encarnación y a la transmisión de la fe cristiana.

La argumentación iconódula distinguía entre:

  • Adoración, que solo corresponde a Dios.
  • Veneración, que honra a la persona representada en una imagen.
  • Uso litúrgico y catequético, mediante el cual el icono anuncia visualmente la fe de la Iglesia.

San Teodoro el Estudita desarrolló esta doctrina relacionando la representación de Cristo con la unión de sus dos naturalezas en la única persona del Verbo. La imagen de Cristo no divide a Cristo ni convierte la materia en divinidad; remite al mismo Cristo, que verdaderamente asumió la humanidad.7

La postura de Macario coincidía con la de otros confesores monásticos de su tiempo. Los monjes de Studion organizaron incluso procesiones públicas con iconos, acto que desencadenó nuevas medidas represivas contra ellos.7

Prisión, torturas y destierro

El emperador León V ordenó perseguir a los principales defensores de las imágenes sagradas. Macario sufrió diversos tormentos y permaneció encarcelado hasta la muerte del emperador.1

Tras la subida al trono de Miguel II, conocido como «el Tartamudo», el santo recuperó temporalmente la libertad. El emperador intentó convencerlo mediante promesas y amenazas para que abandonara su postura. Macario permaneció firme y rechazó cualquier compromiso que considerase contrario a la fe recibida.1

Miguel II ordenó finalmente su destierro a la isla de Afusia, situada frente a la costa de Bitinia. Allí murió en el exilio. Las narraciones hagiográficas sitúan su muerte en torno al año 830, aunque la fecha exacta no resulta segura.

La tradición litúrgica recuerda también una traslación de sus reliquias el 1 de abril, fecha que explica la conmemoración de san Macario en algunos calendarios. La tradición biográfica conserva asimismo el 18 de agosto como fecha relacionada con su muerte en Afusia.1

Tradición hagiográfica y datos históricos

Elementos históricamente plausibles

La existencia de san Macario de Pelekete y su relación con el conflicto iconoclasta cuentan con una tradición antigua y coherente. La biografía griega de Sabas, junto con las referencias vinculadas a san Teodoro el Estudita, proporciona el núcleo narrativo de su vida.1

Dentro de ese núcleo, poseen especial plausibilidad histórica los siguientes elementos:

  • Su condición de monje y abad de Pelekete.
  • Su fama como defensor de la veneración de los iconos.
  • La persecución sufrida bajo León V.
  • La prisión y el destierro durante el reinado de Miguel II.
  • Su muerte fuera de su monasterio, en Afusia.

La relación con el patriarca Tarasio y la ordenación sacerdotal forman parte de la tradición biográfica transmitida por la vida de Sabas. La narración resulta compatible con las estructuras eclesiales de la época, aunque los detalles concretos pertenecen al género hagiográfico.

Relatos de milagros

La tradición atribuye a Macario curaciones de enfermos y otros prodigios. Estos relatos explican el sobrenombre el Milagroso y expresan la devoción de los fieles hacia el abad de Pelekete. La hagiografía bizantina no pretendía elaborar una biografía crítica en el sentido moderno; buscaba mostrar la acción de la gracia en la vida de un santo y ofrecer ejemplos de fidelidad, oración y fortaleza.

La Iglesia honra los milagros reconocidos en la tradición de los santos como signos de la acción divina, pero la santidad de Macario no depende exclusivamente de los prodigios atribuidos a su intercesión. Su testimonio principal consiste en la fidelidad a Cristo, la vida monástica y la resistencia ante la presión política.

Diferencia respecto a la tradición egipcia

Las narraciones sobre san Macario de Pelekete presentan rasgos propios de la hagiografía bizantina de época iconoclasta: el monasterio cercano a Constantinopla, la relación con el patriarcado, la intervención del emperador y la defensa de los iconos.

La tradición de san Macario el Egipcio posee, por el contrario, el marco del desierto de Escete, las colonias de anacoretas y las enseñanzas de los Padres del desierto. Las cincuenta homilías espirituales atribuidas tradicionalmente a aquel Macario incluso presentan problemas específicos de autoría y procedencia siria, distintos de la tradición de Pelekete.2

La separación entre ambas figuras evita atribuir al santo bizantino episodios, escritos o instituciones que pertenecen al monacato egipcio del siglo IV.

Espiritualidad

La espiritualidad de san Macario se articula en torno a tres dimensiones:

Fidelidad a la Encarnación

La defensa de los iconos nace de la fe en que Dios se hizo verdaderamente hombre. Cristo posee un rostro humano porque el Verbo asumió una naturaleza humana real. La imagen cristiana proclama que la salvación no consiste en la huida de la creación, sino en la transformación de la humanidad y del mundo por la gracia.

Vida monástica

Macario ejerció la autoridad como abad dentro de una comunidad concreta. Su santidad no quedó reducida a una experiencia individual de aislamiento. Pelekete fue un lugar de oración, disciplina, acogida y servicio espiritual.

La reforma monástica de san Teodoro el Estudita ayuda a comprender el ambiente espiritual en el que vivió Macario. Teodoro insistía en que el monasterio debía constituir una verdadera comunidad, una «familia» y un «Cuerpo de Cristo», con orden, obediencia y retorno a la enseñanza de los Padres.6

Perseverancia en la persecución

El testimonio de Macario muestra la relación entre santidad y confesión de la fe. El confesor no siempre muere ejecutado; también puede sufrir prisión, tortura, destierro y presión política sin abandonar la verdad que debe custodiar.

Su resistencia no representó una rebelión personal contra la autoridad civil. Nació de la convicción de que el emperador carecía de competencia para alterar la doctrina de la Iglesia sobre la Encarnación, la liturgia y la veneración de las imágenes.

Culto y conmemoración

San Macario el Milagroso recibe culto como confesor de la fe y como defensor de las imágenes sagradas. La tradición litúrgica bizantina conserva su memoria vinculada a Pelekete y a su sufrimiento durante la segunda iconoclasia.

La fecha del 1 de abril aparece relacionada con la traslación de sus reliquias, mientras que el 18 de agosto conserva el recuerdo de su muerte en el destierro. La diversidad de fechas refleja la evolución de los calendarios litúrgicos y de las tradiciones locales.1

Legado

El legado de san Macario de Pelekete pertenece a la historia de los monasterios bizantinos que conservaron la fe iconódula frente a las injerencias imperiales. Su figura conecta tres realidades:

  1. La vida ascética, mediante la oración y la disciplina monástica.
  2. La función eclesial de los monasterios, como lugares de formación y custodia de la tradición.
  3. La confesión de la doctrina cristiana, especialmente la relación entre la Encarnación y la veneración de los iconos.

Pelekete ocupa, dentro de esta historia, un lugar significativo como monasterio de Bitinia vinculado a la resistencia iconódula. Aunque la memoria de Macario quedó rodeada de relatos milagrosos, su núcleo histórico permanece unido a una realidad fundamental: un abad bizantino aceptó la cárcel y el destierro antes que renunciar a la fe de la Iglesia sobre Cristo y sus imágenes sagradas.

San Macario el Milagroso representa así al monje que convirtió la vida contemplativa en testimonio público de la fe y que sostuvo con su sufrimiento la continuidad de la tradición cristiana bizantina.

Citas y referencias

  1. San Hugh, obispo de Grenoble (d.C. 1132), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Tomo II, 7 (1990). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Macario el egipcio, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Macario el egipcio (2015). 2 3
  3. Macario. Enciclopedia Católica, Macario (1913).
  4. Macario de Antioquía. Enciclopedia Católica, Macario de Antioquía (1913).
  5. Monacato oriental. Enciclopedia Católica, Monacato oriental (1913). 2
  6. San Teodoro el Studita, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 27 de mayo de 2009: San Teodoro el Studita, 1 (2009). 2 3
  7. Teodoro el Studita, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Teodoro el Studita (2015). 2 3 4 5
Modificado el 31 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.57Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/gbq4j38xn

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