Vida y vocación monástica
Macario el Egipcio nació hacia el año 300 y murió alrededor del 390. Se retiró al desierto siendo adulto joven y vivió como monje en la región de Escete, en el actual Wadi el-Natrun, en Egipto. Su reputación atrajo a otros ascetas, y llegó a dirigir una extensa colonia de monjes.,
Las noticias antiguas lo relacionan con san Antonio de Egipto y con san Atanasio de Alejandría. Las fuentes discrepan en algunos detalles de su trayectoria: la Enciclopedia Católica antigua lo presenta como discípulo de Antonio, mientras que otra tradición biográfica matiza que Macario pudo haberlo visitado después de iniciar su vida en Escete. Por ello, resulta prudente hablar de una relación de influencia y contacto, sin fijar más de lo que permiten esos testimonios.,,
La tradición le atribuyó una vida de oración, trabajo manual y austeridad. Algunas narraciones transmiten episodios extraordinarios y relatos de milagros, entre ellos la resurrección de un muerto para defender la fe en la resurrección. Los historiadores eclesiásticos antiguos recogen este relato, aunque las versiones no coinciden en todos sus pormenores.,,
Macario, sacerdote y padre espiritual
Macario recibió la ordenación sacerdotal y atendió las necesidades litúrgicas de los monjes de su entorno. Sozomeno sitúa su ordenación hacia los cuarenta años; otras reconstrucciones biográficas describen una colonia cuyos presbíteros atendían varias iglesias del desierto.,
Su autoridad no descansaba principalmente en un cargo de gobierno comparable al de un abad de una comunidad organizada por una regla común. En la colonia semi-eremítica de Escete, los monjes reconocían a los ancianos como guías espirituales y modelos de vida; Macario sobresalió como padre espiritual de numerosos discípulos.,
Los apotegmas -relatos breves que transmiten dichos o episodios de los Padres del desierto- presentan a Macario como un maestro que vinculaba la oración con la humildad, el dominio de sí y el trabajo. Una máxima asociada a la tradición macarina recomienda invocar con sencillez la misericordia de Dios, sin multiplicar palabras. Ese consejo expresa una forma de oración sobria, no un rechazo de la liturgia ni de la oración comunitaria.,