Orígenes en Trani
El relato más antiguo de su vida, la Passio sancti Magni, lo hace nacer en Trani, ciudad portuaria de Apulia, a finales del siglo II. Su padre, llamado Apolo, era pagano. El joven Magno trabajó como pastor y repartió entre los pobres lo que ganaba, un gesto que anuncia ya la caridad que marcaría su vida.
Conversión y episcopado
Magno recibió el bautismo de manos del obispo Redento de Trani y logró que su propio padre abrazase también la fe. Cuando murió el obispo, la comunidad cristiana de la ciudad lo aclamó como sucesor. El pastor de ovejas se convirtió así en pastor de la Iglesia local.
La Passio narra que el procónsul Severino lo hizo encarcelar en un templo pagano durante la persecución. Allí, según el relato, los ídolos se quebraron y el arcángel san Miguel le ordenó repartir entre los necesitados el oro de la estatua de Júpiter. El episodio expresa la convicción cristiana de que los falsos dioses caen ante la verdad de Cristo y de que las riquezas del culto pagano deben revertir en los pobres.
La huida hacia el Lacio
Magno abandonó Apulia y marchó hacia el norte. La tradición lo hace pasar por Nápoles, donde visitó al obispo mártir san Jenaro, y por Roma. Después se estableció en una iglesia cercana al río Volturno, en el Lacio, desde donde predicó el Evangelio, curó a enfermos y expulsó demonios. Estos milagros atrajeron a muchos paganos hacia la fe y despertaron la hostilidad de las autoridades.
Los compañeros del santo
Dos nombres acompañan al obispo en su ministerio. Secundina, joven de Anagni, se convirtió en discípula suya y fue otra figura venerada de aquella Iglesia. Paterno, compañero de camino, permaneció a su lado en las horas finales y se ocupó de enterrar el cuerpo del mártir. Los dos aparecen en la tradición local de Anagni junto al santo obispo.