La Vita como testimonio principal
El relato sobre San Magno procede, según esa síntesis enciclopédica, de una Vita antigua. Sin embargo, se advierte que esa biografía contiene muchos anacronismos manifiestos, lo que obliga a tratarla con prudencia: permite conocer la memoria religiosa asociada al santo, pero no siempre su reconstrucción cronológica exacta.
Redacciones monásticas y discrepancias
Además del problema de base (anacronismos), la tradición textual presenta un segundo nivel de dificultad: la Vida fue reescrita y reelaborada en contextos monásticos distintos. Para dar más peso a la narración, se difundió la idea de que el texto había sido escrito por Teodoro, compañero de Magno, y se habría hallado con el cuerpo del santo, aunque en una condición apenas legible; entonces se habría ordenado a un monje de Ellwangen que lo reescribiera.
La enciclopedia explica que esa Vida, tal como quedó redactada por el monje de Ellwangen, constituye el relato de una tradición popular del siglo IX. Con ello, se entiende que el texto no es simplemente un «acta» contemporánea, sino una configuración literaria posterior, aunque ligada a recuerdos devocionales.
El papel de San Gall y Füssen
Un dato decisivo para entender las discrepancias es el siguiente: cuando el obispo abad Solomon III de Constanza dedicó una iglesia en honor de San Magno en el monasterio de San Galo, recibió un reliquario y la Vida desde los monjes de Füssen. Pero, al mismo tiempo, los monjes de San Galo tenían tradición de otro Magnus (un compañero de San Galo) que habría vivido un siglo antes, aproximadamente cien años antes del apóstol del Algäu según esa misma tradición.
Ante esta coincidencia nominal, los monjes escribieron una nueva Vida en la que combinaron la tradición del Magnus más antiguo con el texto recibido de Füssen. Este proceso de «fusión» de tradiciones explicaría, según la fuente, las discrepancias históricas que el lector encuentra al contrastar versiones.