San Marcelo el Centurión es uno de los mártires más conocidos con este nombre, cuya pasión se conserva en un relato considerado fidedigno1. Su caso es comparable al del conscripto Maximiliano, ya que ambos consideraron que el servicio militar era incompatible con la práctica de la religión cristiana, a pesar de no haber sido directamente obligados a sacrificar a ídolos o cometer actos de idolatría1. Fueron condenados a muerte por incumplimiento de la disciplina, aunque sus contemporáneos reconocieron el motivo religioso que los animaba, considerándolos dignos del glorioso nombre de mártir1.
El Acto de Fe en Tánger
Los detalles de su martirio, ocurridos en el año 298 d.C., son los siguientes: en la ciudad de Tingis (la actual Tánger), durante la administración del presidente Fortunato, se celebraba un banquete en honor al cumpleaños del emperador1. Fue en esta ocasión que Marcelo, un centurión, condenó públicamente estas festividades como paganas1.
En un acto de profunda convicción, Marcelo se quitó su cinturón de soldado frente a los estandartes de la legión y declaró en voz alta: «Sirvo a Jesucristo, el Rey eterno. Ya no serviré a vuestros emperadores, y desprecio adorar a vuestros dioses de madera y piedra, que son ídolos sordos y mudos»1. Los soldados, atónitos, lo arrestaron y lo llevaron ante el presidente Fortunato, quien ordenó su encarcelamiento1.
Una vez concluidas las festividades, Fortunato interrogó a Marcelo sobre su acto de insubordinación, preguntándole por qué se había despojado de su cinturón y de su vine-switch (la insignia distintiva de un centurión)1. Marcelo reafirmó su postura, declarando que el 21 de julio, durante la celebración del emperador, había manifestado clara y abiertamente que era cristiano y que solo podía servir a Jesucristo, el Hijo de Dios Padre Todopoderoso1.
Juicio y Ejecución
Fortunato, incapaz de pasar por alto tal conducta, remitió el caso a los emperadores y al César, enviando a Marcelo ante Aurelio Agricolán, diputado de los prefectos pretorianos1. El 30 de octubre, en Tingis, Marcelo fue llevado a juicio ante Agricolán1.
Agricolán le preguntó si había dicho las cosas contenidas en el informe oficial del presidente, a lo que Marcelo respondió afirmativamente2. También confirmó que había sido un centurión regular y que había desechado sus armas2. Cuando Agricolán le preguntó qué locura lo había poseído para tirar las insignias de su lealtad, Marcelo respondió: «No hay locura en quienes temen a Dios»2.
Finalmente, Marcelo declaró: «No era correcto para un hombre cristiano, que sirve al Señor Cristo, servir en los ejércitos del mundo»2. Agricolán sentenció a Marcelo a muerte por espada, afirmando que sus acciones debían ser castigadas disciplinariamente por haber admitido que se degradó al desechar su lealtad y por haber usado un «discurso insensato»2.
Mientras era conducido a la ejecución, Marcelo dijo: «Que Dios sea bueno contigo, Agricolán»2. De esta manera, el glorioso mártir Marcelo partió de este mundo2. Los Actos de Marcelo son considerados documentos muy fiables por los historiadores2.
