Martín I nació en Todi, en la región de Umbría. La tradición lo presenta como hijo de una familia conocida y como una figura destacada por su formación y por su celo por la caridad. El perfil histórico que transmiten autores eclesiásticos antiguos lo vincula con una vida eclesial seria: Martín recibió un trato respetado en los ambientes clericales romanos y cultivó un conocimiento profundo de la fe.1
La memoria litúrgica y biográfica lo describe además como un hombre de inteligencia, estudio y atención a los pobres. Esta combinación de rigor doctrinal y solicitud pastoral ayuda a entender su reacción ante la controversia monotelita: Martín no trató la disputa como un juego de escuelas, sino como una cuestión que ponía en riesgo la comunión eclesial y la confesión recta del misterio de Cristo.1



