Tras la Ascensión de Jesús al cielo, la comunidad de creyentes en Jerusalén, que sumaba alrededor de ciento veinte personas, se reunió para orar4. En este contexto, San Pedro se puso de pie y propuso que se eligiera a alguien para reemplazar a Judas Iscariote, quien había traicionado a Jesús y había muerto4,3. Pedro citó las Escrituras, específicamente los Salmos, que decían: «Que su morada quede desolada, y que no haya quien habite en ella»; y «Que otro tome su cargo»4,5.
Requisitos para el Apostolado
Pedro estableció los criterios para el nuevo apóstol. La persona elegida debía haber acompañado a Jesús durante todo su ministerio público, desde el bautismo de Juan hasta el día de su Ascensión4,6. El propósito fundamental de esta condición era que el nuevo apóstol fuera un testigo ocular de la resurrección de Cristo4,3,6,7. Esta cualificación era esencial, ya que los apóstoles eran los primeros en dar testimonio de la vida, muerte y resurrección de Jesús3,5,8.
El Proceso de Selección
Se propusieron dos candidatos que cumplían estos requisitos: José, llamado Barsabás (también conocido como Justo), y Matías4,1,9. La comunidad, bajo la guía de Pedro, recurrió a la oración para discernir la voluntad de Dios4,10,6. Oraron diciendo: «Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido para ocupar el lugar en este ministerio y apostolado del cual Judas se apartó para ir a su propio lugar»4,10.
Después de la oración, echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías4,1,10,11. De esta manera, Matías fue «contado con los once apóstoles», restaurando el número de los Doce4,3. Este acto de discernimiento comunitario, que buscaba la unidad y la comunión, fue un signo del amor que los apóstoles debían tener entre sí, como Jesús les había enseñado10.

