Matías Kalemba vivió en el reino de Buganda, territorio situado en la actual Uganda. En la segunda mitad del siglo XIX, la región recibió primero la predicación de misioneros anglicanos y, posteriormente, la de los Padres Blancos, también llamados Misioneros de África. La expansión del cristianismo produjo comunidades de catecúmenos y nuevos evangelizadores africanos, entre ellos numerosos laicos.2
La persecución tuvo lugar durante el reinado de Mwanga II. Al principio, el monarca había mostrado una actitud favorable hacia los cristianos, pero después pasó a considerarlos una amenaza para su autoridad. Las tensiones políticas de la corte, la influencia de algunos funcionarios hostiles a la nueva religión y el rechazo cristiano a las exigencias inmorales del rey contribuyeron a desencadenar la represión.1
Matías perteneció a un grupo distinto del formado por los jóvenes servidores de la corte que murieron en Namugongo. No fue un paje real ni un adolescente de palacio, sino un laico adulto, padre de familia y hombre con responsabilidades civiles. La Iglesia ha conservado su memoria junto a la de los mártires de la corte precisamente porque su testimonio muestra otra dimensión de la primera evangelización de Uganda: la santidad de los cristianos adultos que ejercieron responsabilidades sociales y transmitieron la fe en sus hogares y comunidades.



