El nombre Matías (en griego Matthías y, en algunas variantes manuscritas, Maththías) procede del hebreo Mattathias (Mattithiah), y transmite el sentido de «don de Yahvé». Esta etimología conecta el nombre con la lógica bíblica del don: Dios concede, el hombre responde con fidelidad.1
San Matías
San Matías ocupa un lugar singular en el Nuevo Testamento: el apóstol elegido para ocupar el puesto dejado por Judas Iscariote dentro del colegio de los Doce. Su figura une la continuidad apostólica con la fidelidad a la misión recibida de Cristo, y la tradición cristiana lo presenta como testigo del Evangelio y mártir.1
| Cuadro resumen[Datos abiertos] | |
|---|---|
| Nombre | San Matías |
| Categoría | Persona |
| Descripción | Apóstol elegido para sustituir a Judas Iscariote, martirizado por predicar el Evangelio. don de Yahvé |
| Lugar de Muerte |
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| Atributos | Piedras |
| Enseñanzas |
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| Fecha de Celebración | 24 de febrero (liturgia latina), 9 de agosto (Iglesia griega), 14 de mayo (liturgia latina posterior) |
| Tipo | Santo, Apóstol |
Tabla de contenido
- Identidad y significado del nombre
- Matías en el entorno de Jesús: discípulo y testigo
- La elección en lugar de Judas Iscariote
- Matías y el colegio apostólico: «con los once»
- Actividad apostólica: tradiciones sobre su predicación
- Martirio y muerte: continuidad del testimonio
- Fuentes antiguas y relatos apócrifos
- Culto litúrgico y fechas de celebración
- Teología del apóstol elegido: amor, obediencia y testimonio
- Espiritualidad asociada a Matías
- Patronazgos y devoción popular
- Iconografía y atributos
- Matías en la memoria cristiana
- Citas y referencias
Identidad y significado del nombre
Matías en el entorno de Jesús: discípulo y testigo
La tradición apostólica sitúa a Matías en el círculo de los discípulos que acompañaron a Cristo durante su vida pública. Matías figura como uno de los setenta discípulos, y permanece con Jesús desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión. Ese marco temporal resalta una idea central: Matías no llega al grupo por casualidad, sino por el conocimiento directo de la obra de Jesús y por su disponibilidad a servir tras la Resurrección.1
El valor de ese «acompañamiento» aparece en la predicación eclesial: la Iglesia consideró como condición esencial para el apóstol que sustituyera a Judas la capacidad de dar testimonio de la Resurrección y de la permanencia en el amor de Cristo mediante la obediencia.2
La elección en lugar de Judas Iscariote
Tras la Ascensión, la comunidad reunida afronta una tarea concreta: restablecer el número. Los Hechos de los Apóstoles describen que Pedro propone a los hermanos, que suman ciento veinte, elegir al que ocupe el puesto del traidor. La elección contempla a dos candidatos -José, llamado Barsabás, y Matías- y culmina mediante el recurso a la suerte. La suerte favorece a Matías, quien pasa a asociarse con los once.1
En la homilía papal dedicada a este episodio, Juan Pablo II subraya que Cristo llamó a doce apóstoles siguiendo la tradición del Antiguo Testamento donde Dios vinculaba su historia con doce tribus. Tras la Ascensión, la Iglesia apostólica entendió su deber de restablecer ese número dentro de la economía divina. La elección, por tanto, no funciona como un trámite meramente numérico: introduce a un hombre capacitado para testimoniar la Resurrección y para vivir la lógica del Evangelio.2
Matías y el colegio apostólico: «con los once»
Hacia el final de la tradición antigua, Hipólito de Roma conserva un testimonio breve pero significativo: Matías, uno de los setenta, se cuenta junto a los once apóstoles, predica en Jerusalén, «se duerme» (muere) y se entierra allí. El pasaje vincula a Matías con la permanencia en la comunidad apostólica y con la proclamación en el centro de la vida religiosa de Israel.3
Actividad apostólica: tradiciones sobre su predicación
El núcleo histórico de Matías permanece estrecho: el relato canónico se concentra en su elección tras Judas. Sin embargo, la memoria eclesial generó tradiciones sobre su ministerio posterior y su modo de morir.
Judea y tradiciones de misión en territorios lejanos
La tradición eclesiástica sitúa el primer anuncio en Judea y después vincula a Matías con Etiopía en un sentido geográfico asociado a la región de los mapas antiguos. Algunas narraciones precisan Colquis (entorno del mar Negro) y proponen un horizonte de misión hacia el Cáucaso.1
Otras tradiciones literarias emplean imágenes concretas de la geografía antigua, como el puerto del mar de Hýsso y la desembocadura del río Fasis, para describir el lugar desde el que Matías predica. Estas piezas hagiográficas buscan ofrecer un «mapa espiritual» de la difusión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines conocidos.1
Martirio y muerte: continuidad del testimonio
Las noticias sobre el fin de Matías presentan variantes. La tradición que recoge el martirologio hagiográfico lo presenta como un apóstol que sufre el martirio por predicar el Evangelio, y la tradición litúrgica latina sitúa ese «cumpleaños» apostólico el 24 de febrero.4
El mismo marco eclesial conserva tradiciones sobre el lugar de muerte y sepultura. En ciertas narraciones se menciona que Matías muere en Sebastópolis y recibe sepultura cerca de un «templo del sol», mientras otra memoria propone que los judíos lo apedrean en Jerusalén y luego lo decapitan. La existencia de estas rutas divergentes refleja el modo en que la Iglesia transmite la santidad apostólica: conserva el testimonio esencial y admite distintas formas de narrar los detalles.1
La tradición también atribuye a Santa Helena el traslado de reliquias a Roma y la presencia de una porción en Tréveris, aunque el debate histórico sobre la identificación de reliquias explica por qué aparecen dudas sobre su procedencia.1
Fuentes antiguas y relatos apócrifos
Más allá del dato canónico de Hechos, la literatura cristiana temprana desarrolló materiales apócrifos vinculados al nombre de Matías. Butler recoge la presencia de un relato griego con amplia circulación: los Hechos de Andrés y Matías en la ciudad de los caníbales, una ficción literaria con ramificaciones en diversas tradiciones lingüísticas. La obra ofrece un horizonte dramático: tribulación, oración, intervención divina y resistencia a prácticas demoníacas.5
El episodio narrativo sitúa a Matías en una ciudad donde sus habitantes no comen pan ni beben vino, sino que practican formas atroces de violencia ritual. El relato culmina con la resistencia de Matías, su oración, y la consolación que recibe mediante una manifestación luminosa y una voz celestial. La finalidad teológica del texto aparece clara: presentar la fortaleza del apóstol frente a la deshumanización, y subrayar la fidelidad que transforma la prueba en testimonio.6
El «Evangelio de Matías» y atribuciones polémicas
La tradición patrística también conectó el nombre de Matías con escritos asociados a su figura. Orígenes conoció un «Evangelio de Matías» de carácter apócrifo, y la investigación patrística debatió si ese documento coincide con otras obras citadas bajo distintos títulos. Clemente de Alejandría menciona una sentencia sobre la necesidad de mortificar la carne que ciertos sectores atribuyen a Matías y que enlaza con la existencia de un «Evangelio de Matías».5,1
La frase atribuida a Matías por los nicolaítas presenta una orientación ascética: combatir la carne, no darle valor y no concederle lo que la adula, para hacer crecer el alma por la fe y el conocimiento. El cristianismo antiguo leyó este tipo de atribuciones con cautela: un texto asociado al apóstol podía servir para construir doctrina, pero también podía circular bajo influencias doctrinales discutibles.1
Culto litúrgico y fechas de celebración
La liturgia latina celebra el día de San Matías en el marco del santoral. El Martirologio Romano menciona el 24 de febrero como el «cumpleaños» del Apóstol Matías, elegido por suerte tras la Ascensión, en sustitución del traidor Judas, y que sufrió martirio por la predicación del Evangelio.4
La tradición también conserva un calendario oriental: la Iglesia griega celebra la fiesta de San Matías el 9 de agosto.1
Además, dentro de la tradición latina aparece la nota de un cambio posterior: el culto litúrgico latino trasladó la conmemoración a 14 de mayo.1
Teología del apóstol elegido: amor, obediencia y testimonio
La figura de Matías no funciona como simple «pieza de recambio» dentro de un esquema institucional. La Iglesia interpreta su elección a partir de la comunión con el Resucitado: el apóstol debe vivir el Evangelio con fidelidad activa.
Juan Pablo II vinculó la figura de Matías con la frase evangélica: «Como yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (cf. Jn 15,10). La elección de Matías responde a una condición esencial: dar testimonio de la Resurrección, y hacerlo desde la obediencia que permanece en el amor.2
Esa interpretación ilumina la vocación cristiana: la misión no brota solo de la iniciativa humana, sino de una vida que «permanece» en Cristo; el testimonio nace del amor obediente y se vuelve anuncio del Cristo glorificado por el Padre.2
Espiritualidad asociada a Matías
La tradición espiritual vinculada a Matías no proviene solo de hechos biográficos. El nombre del apóstol aparece asociado a una orientación ascética que la patrística atribuye a ciertos círculos: mortificar la carne, evitar que el cuerpo marque el ritmo de la vida interior, y crecer en el alma mediante la fe y el conocimiento.1
Aunque el origen doctrinal de esa atribución exige lectura prudente dentro del debate antiguo sobre autenticidad y ortodoxia, el contenido moral conecta con una convicción constante del cristianismo: la santidad exige disciplina interior y una obediencia que ordena los deseos hacia Dios.1
Patronazgos y devoción popular
La devoción popular asocia a San Matías con profesiones concretas y con modelos de vida. En la tradición de patronazgos, Matías aparece vinculado a los carpinteros, junto a San José y el apóstol San Pedro, como intercesor para quienes desempeñan trabajos manuales y colaboran en la construcción de la comunidad eclesial.7
En la misma lógica devocional, Matías figura también como patrón para costureros y sastres, junto con otros santos relacionados con el mundo del oficio. Esta asociación no exige que exista una conexión histórica directa con la profesión; el pueblo cristiano busca en el apóstol un ideal de diligencia, integridad y perseverancia en el trabajo bajo la mirada de Dios.8
Iconografía y atributos
La iconografía popular suele representar a los apóstoles y mártires con elementos vinculados a su martirio. En el caso de Matías, la tradición iconográfica relaciona su imagen con piedras y signos de violencia propia del testimonio por la fe, como recuerdan distintas descripciones del culto y la memoria artística.
Matías en la memoria cristiana
San Matías une tres hilos de memoria: la elección apostólica tras la traición de Judas, la continuidad del testimonio del Resucitado y la fecundidad del anuncio hasta los confines que la tradición intentó narrar con vigor literario. La Iglesia conserva su figura para recordar que la misión apostólica necesita testigos fieles, y que el amor obediente al Padre sostiene el anuncio que atraviesa el sufrimiento y llega a la gloria.2,1
Citas y referencias
- San Matías. Enciclopedia Católica, San Matías (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
- Papa Juan Pablo II. 14 de mayo de 1985: Misa en Maastricht (Países Bajos) - Homilía, 1 (1985). 2 3 4 5
- Sobre los doce apóstoles - Dónde predicó cada uno y dónde encontró su fin, Hipólito de Roma. Sobre los apóstoles y discípulos, 12.
- B24 de febrero, Papa Benedicto XIV. Martyrologio romano, 24 de febrero (1749). 2
- Sres. Montanus, Lucio y sus compañeros, mártires (d.C. 259), Alban Butler. Vidas de los santos de Butler: Volumen I, 423 (1990). 2
- En la ciudad de los caníbales, Leucio Charinus. Los actos de Andrés y Matías, 1.
- Carpinteros - José, Matías, Pedro el apóstol, Magisterio IA. Santos patrones en la Iglesia Católica, Carpinteros (2024).
- Sastres - Homobono, Matías, Quentin, Magisterio IA. Santos patrones en la Iglesia Católica, Sastres (2024).


