San Mauricio fue el primicerius, o líder, de la Legión Tebana, una unidad militar romana compuesta íntegramente por cristianos, reclutada en el Alto Egipto1,2. Según la tradición, esta legión fue enviada a la Galia para sofocar una revuelta de los Bagaudae3,2. Al llegar a Octodurum (actual Martigny), cerca del lago de Ginebra, el emperador Maximiano Herculio ordenó a todo el ejército ofrecer sacrificios a los dioses paganos en acción de gracias por el éxito de la expedición2.
La Legión Tebana, acampada cerca de Agaunum (hoy Saint-Maurice-en-Valais), se negó unánime y constantemente a participar en estos ritos1,2. Maximiano, ante su desobediencia, ordenó la decimación, ejecutando a uno de cada diez soldados1,2. A pesar de esta brutal medida, los soldados se mantuvieron firmes en su fe, alentados por Mauricio y otros oficiales como Exuperio y Cándido2.
En un acto de profunda fe y respeto, la legión envió una remonstrancia al emperador, declarando: «Somos tus soldados, pero también somos siervos del Dios verdadero. Te debemos servicio militar y obediencia; pero no podemos renunciar a Aquel que es nuestro Creador y Maestro… En todo lo que no esté en contra de Su ley, te obedecemos con la mayor voluntad… Hemos hecho un juramento a Dios antes de hacer uno a ti: no puedes confiar en nuestro segundo juramento si violamos el primero. Nos ordenas castigar a los cristianos; he aquí, nosotros somos tales. Confesamos a Dios Padre, autor de todas las cosas, y a Su Hijo, Jesucristo. Hemos visto a nuestros compañeros ser asesinados sin lamentarlos, y nos regocijamos en su honor. Ni esta ni ninguna otra provocación nos ha tentado a la revuelta. Tenemos armas en nuestras manos, pero no resistimos porque preferiríamos morir inocentes que vivir por cualquier pecado»2.
Ante la inquebrantable constancia de los legionarios, Maximiano ordenó a su ejército rodearlos y masacrarlos. Los soldados tebanos no ofrecieron resistencia, sufriendo el martirio «como ovejas», cubriendo el suelo con sus cuerpos y tiñendo el lugar con su sangre2. Se estima que la legión estaba compuesta por unos seis mil seiscientos hombres2. El martirio de San Mauricio y sus compañeros se sitúa aproximadamente en el año 287 d.C.1,2.
Controversias Históricas
La historicidad del martirio de la Legión Tebana ha sido objeto de debate, especialmente desde la Reforma4,5. Sin embargo, la Iglesia Católica ha mantenido su veneración. El principal testigo de la historia es San Eucherio, obispo de Lyon en la primera mitad del siglo V, quien escribió un relato para el obispo Salvio6,4. Eucherio viajó al lugar del martirio y cuestionó a quienes podían informarle sobre los hechos, recogiendo una tradición que se había transmitido durante aproximadamente 150 años4.
Aunque algunos historiadores han cuestionado la escala del evento, sugiriendo que el número de hombres involucrados podría haberse exagerado de un escuadrón a una legión con el tiempo, la existencia del martirio de San Mauricio y sus compañeros en Agaunum se considera un hecho histórico6. La falta de mención en fuentes contemporáneas no se considera un argumento definitivo en contra, ya que Paul Allard ha demostrado que no había una razón específica para que historiadores como Sulpicio Severo o Eusebio hablaran de los mártires tebanos4.
El Papa Juan Pablo II, en su audiencia general del 20 de junio de 1984, recordó el martirio de San Mauricio y toda su Legión Tebana como una «maravillosa profesión de fe mediante el martirio cruento»7. También destacó que la diócesis de Sion, a la que pertenece Agaunum, tiene sus raíces poco después del período de las sangrientas persecuciones contra los cristianos, en el siglo IV7,8.

