Orígenes y vida monástica
Metodio nació en Tesalónica, ciudad del Imperio bizantino, en torno al año 815. Recibió una formación amplia y comenzó una carrera administrativa. Llegó a gobernar el distrito de Strymon, en Macedonia, antes de abandonar la vida pública y retirarse hacia 850 al monasterio de Olimpo, en Bitinia. Más adelante fue abad del monasterio de Polícron.1
Su hermano menor, Constantino, conocido después como Cirilo, compartió con él la vocación misionera. Ambos procedían del mundo cultural bizantino y dedicaron su labor a anunciar el cristianismo entre pueblos eslavos.1,2
Misión en Moravia
En 863, el emperador Miguel III envió a Cirilo y Metodio a Moravia, a petición del príncipe Rastislav. Su misión consistía en instruir a la población en la fe cristiana. Los hermanos predicaron en lengua eslava y prepararon traducciones de textos religiosos, con lo que facilitaron la participación de la población local en la vida de la Iglesia.1,3
La tarea también tenía una dimensión eclesiástica y política. En la región competían distintas influencias, y el uso de la lengua eslava en la liturgia suscitó oposición entre clérigos francos. Cirilo y Metodio viajaron a Roma en 867 para presentar su misión ante el papa Adriano II. El pontífice recibió favorablemente su labor y reconoció su ortodoxia.3
Arzobispo y legado pontificio
Tras la muerte de Cirilo en Roma, en 869, Metodio continuó la misión. Adriano II lo nombró arzobispo de Panonia y de la Gran Moravia y legado pontificio para los pueblos eslavos. Su jurisdicción abarcó una extensa región, donde organizó y fortaleció la vida de la Iglesia.4,5
La oposición a su ministerio desembocó en su encarcelamiento durante aproximadamente dos años. El papa Juan VIII intervino para obtener su liberación. Más tarde, las disputas sobre su autoridad y sobre la liturgia en eslavo llevaron a Metodio a regresar a Roma para responder a las acusaciones contra él. Allí quedó libre de ellas y obtuvo la confirmación de los privilegios litúrgicos concedidos anteriormente.4
Hacia 881 o 882 visitó Constantinopla, donde recibió una acogida favorable del emperador bizantino y del patriarca Focio, que entonces estaba en comunión con Roma. Este episodio refleja la pertenencia de Metodio a una tradición cristiana de Oriente que mantuvo vínculos de comunión con la Sede Apostólica.4





