La tradición cristiana, basada en pasajes bíblicos y el desarrollo patrístico, atribuye a San Miguel Arcángel cuatro oficios principales:
1. Combatir a Satanás
Este es quizás el papel más conocido de San Miguel. La Escritura lo registra explícitamente en el Libro del Apocalipsis: «Y hubo una gran batalla en el cielo, Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón» (Apocalipsis 12:7). Su función es defender la causa de la unidad de Dios contra la presunción del dragón, la «serpiente antigua», cuyo esfuerzo continuo es hacer creer a los hombres que Dios debe desaparecer para que ellos puedan ser importantes.
La Iglesia invoca a San Miguel para que sea su «salvaguardia contra la maldad y las trampas del diablo»,. La oración tradicional a San Miguel, que fue recitada al final de la Santa Misa durante años, comienza con la súplica: «Sancte Michaël Archangele, defende nos in proelio» (San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla). En esta capacidad, se le pide que, por el poder de Dios, «eche al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos»,.
2. Rescatar las Almas de los Fieles
San Miguel tiene el oficio de rescatar las almas de los fieles del poder del enemigo, especialmente en la hora de la muerte.
Su participación en el juicio y la salvación de las almas se refleja en la iconografía, donde a menudo se le representa sosteniendo una balanza en la que pesa las almas de los difuntos, o el libro de la vida. Esta función se destaca en la liturgia tradicional, particularmente en el ofertorio de las Misas de difuntos, que pide que el «portaestandarte San Miguel los conduzca a la santa luz» (signifer S. Michael repraesentet eas in lucam sanctam),.
3. Ser el Campeón del Pueblo de Dios y de la Iglesia
En el Antiguo Testamento, Miguel es identificado como el «gran príncipe, que defiende a los hijos de tu pueblo» (Daniel 12). Gabriel le dice a Daniel que Miguel es «uno de los principales príncipes» y «tu príncipe».
En el Nuevo Testamento, esta función se extiende a la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios. Por lo tanto, San Miguel es el patrono de la Iglesia. En la Edad Media, también fue el patrón de las órdenes de caballería. Su papel como líder de los ejércitos celestiales lo ha establecido modernamente como el patrono de los paracaidistas, ya que su descenso desde el cielo para proteger y combatir refleja la misión de estos soldados. Los obispos, como hombres de Dios, son llamados a ser verdaderos «ángeles guardianes» de la Iglesia, haciéndose eco del papel protector de Miguel.
4. Llamar y Conducir las Almas al Juicio
San Miguel tiene la misión de llamar a los hombres de la tierra y llevar sus almas al juicio.
La tradición también lo asocia con la disputa sobre el cuerpo de Moisés, como se menciona en la Epístola de San Judas,. Según una antigua tradición judía, a la que alude San Judas, Miguel Arcángel disputó con el diablo por el cuerpo de Moisés. Satanás intentó revelar el lugar de la tumba para seducir al pueblo judío al pecado del culto a los héroes, pero Miguel ocultó la tumba. En el curso de esta disputa, Miguel no se atrevió a pronunciar un juicio de maldición, sino que dijo: «El Señor te reprenda».