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San Nereo

San Nereo fue un mártir cristiano de Roma, venerado juntamente con san Aquileo el 12 de mayo. La tradición litúrgica conserva con certeza la memoria de ambos mártires y su sepultura en la catacumba de Domitila, pero los relatos narrativos posteriores añadieron episodios legendarios que no permiten reconstruir con seguridad sus vidas. La inscripción compuesta por el papa san Dámaso I en el siglo IV constituye el testimonio histórico más valioso sobre ellos: presenta a Nereo y Aquileo como hombres vinculados al ejército que abandonaron las armas al abrazar la fe cristiana.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Nereo
CategoríaPersona
Nombre CompletoNereo
Autoridad EclesiásticaPapa San Dámaso I
Contexto históricoCulto consolidado en el siglo IV; inscripción damasiana que los presenta como soldados que abandonaron las armas tras su conversión al cristianismo
Fechafinal del siglo IV
Festividad12 de mayo
IconografíaRepresentados como soldados romanos con escudo, lanza o espada; a veces aparecen junto a santa Domitila
Lugar de SepulturaCatacumba de Domitila, Roma
Miembro deRoma
TipoSanto, Mártir, Catacumba, IV
UbicaciónRoma, Italia

Tabla de contenido

Identidad y culto

San Nereo aparece normalmente unido a san Aquileo bajo la fórmula santos Nereo y Aquileo, mártires. La Iglesia celebra su memoria litúrgica el 12 de mayo, junto con la de santa Domitila y san Pancracio, aunque cada uno de estos santos posee una historia cultual y una localización sepulcral propias. El antiguo calendario romano ya recogía los nombres de Nereo y Aquileo, cuya tumba estaba en el cementerio de Domitila, mientras que san Pancracio recibía culto en otro cementerio situado junto a la vía Aurelia.

La conmemoración de Nereo y Aquileo pertenece al patrimonio más antiguo de la liturgia romana. El culto a ambos mártires puede remontarse con seguridad al siglo IV, época en la que una iglesia levantada sobre su sepultura acogía la celebración de su fiesta. Dos siglos más tarde, san Gregorio Magno pronunció allí una homilía en la que presentó a los mártires como testigos de la libertad cristiana frente a los atractivos del poder, la riqueza y la seguridad mundana.1

Contexto histórico

El cristianismo romano de los primeros siglos

Nereo y Aquileo pertenecen al grupo de mártires romanos cuyo culto quedó vinculado desde una época temprana a una sepultura concreta. En la Iglesia antigua, la memoria de los mártires no dependía únicamente de relatos biográficos. La comunidad cristiana veneraba también sus tumbas, celebraba allí la Eucaristía y conservaba sus nombres en calendarios y formularios litúrgicos.

La catacumba de Domitila, situada junto a la vía Ardeatina, constituye uno de los complejos funerarios cristianos más importantes de Roma. El cementerio incluía estructuras pertenecientes a una época muy temprana, entre ellas un conjunto funerario relacionado con familias romanas de alto rango. Las excavaciones arqueológicas pusieron al descubierto una basílica de tres naves levantada entre los años 390 y 395 en honor de Nereo, Aquileo y santa Petronila.2

La catacumba de Domitila

La catacumba de Domitila no nació como un escenario legendario creado para los santos. Su existencia, su antigüedad y su importancia arqueológica poseen una base independiente de las narraciones hagiográficas medievales. El complejo funerario conserva galerías, sepulcros, inscripciones y restos arquitectónicos que testimonian la presencia cristiana en Roma desde los primeros siglos.

En 1873, el arqueólogo Giovanni Battista de Rossi descubrió los restos de una gran basílica subterránea dedicada a los mártires. Las excavaciones también permitieron identificar la zona de su antigua sepultura y relacionarla con los fragmentos de la inscripción damasiana. La arqueología, por tanto, confirma la antigüedad del culto y la asociación de Nereo y Aquileo con el cementerio de Domitila, aunque no proporciona todos los detalles de su biografía.2

La inscripción del papa san Dámaso

Un testimonio epigráfico excepcional

El testimonio más antiguo y fiable sobre Nereo y Aquileo procede de una inscripción epigráfica compuesta por el papa san Dámaso I, pontífice entre los años 366 y 384. Dámaso promovió la identificación y ornamentación de las tumbas de los mártires romanos, y redactó poemas en verso destinados a conmemorar su testimonio cristiano.

La inscripción dedicada a Nereo y Aquileo fue colocada sobre su sepultura hacia el final del siglo IV. Aunque la placa llegó fragmentada y parte del texto solo pudo reconstruirse mediante testimonios antiguos, los fragmentos descubiertos en la catacumba de Domitila permiten identificarla con seguridad.1

El poema presenta a los dos mártires como hombres que habían ingresado en el ejército y que desempeñaban funciones relacionadas con la ejecución de órdenes militares. Al principio obedecían al poder imperial y actuaban bajo la presión de la disciplina y del miedo. La conversión cristiana transformó su actitud: abandonaron las armas, rechazaron la violencia que consideraban incompatible con su nueva fidelidad y aceptaron el martirio por Cristo.3

La tradición litúrgica posterior resume la misma idea con los símbolos militares del escudo, el cinturón y las armas. Nereo y Aquileo renunciaron a esos distintivos y abandonaron el campamento para confesar públicamente a Cristo. La escena expresa la superioridad del servicio a Dios sobre la obediencia a un poder que exige actos contrarios a la fe.

Valor histórico de la inscripción

La inscripción damasiana posee un valor histórico muy superior al de las Actas de los mártires. Dámaso escribió el poema en el siglo IV, cuando el culto de Nereo y Aquileo ya estaba establecido y sus tumbas podían visitarse en Roma. Además, el texto fue concebido para una sepultura concreta y quedó asociado a un monumento identificable.

La inscripción no ofrece una biografía completa. No precisa el año del martirio, el nombre del emperador que lo ordenó ni el lugar exacto de la ejecución. Sin embargo, transmite varios datos de gran importancia: la existencia histórica de los mártires, su relación con el ejército, su conversión cristiana, su abandono de las armas y su veneración en una tumba romana. La prudencia histórica aconseja conceder a estos datos un peso mayor que a los episodios narrativos elaborados mucho más tarde.3

Las Actas de san Nereo y san Aquileo

Contenido de la tradición narrativa

Las Actas presentan a Nereo y Aquileo de una manera diferente. En lugar de describirlos como soldados, los retratan como eunucos y servidores de cámara de Flavia Domitila, una mujer cristiana relacionada con la familia imperial. Según este relato, ambos habrían acompañado a Domitila durante su destierro en la isla de Ponza y después habrían sufrido el martirio en Terracina.3

La narración conecta además a los dos mártires con otros personajes cristianos de Roma y con episodios de carácter extraordinario. Las versiones griega y latina de las Actas presentan diferencias, y la composición literaria pertenece a una época bastante posterior a los hechos que pretende narrar. La tradición manuscrita y la forma narrativa permiten situar su redacción varios siglos después del supuesto martirio.3

Valor histórico limitado

Las Actas poseen valor para conocer la evolución de la devoción cristiana y la manera en que las comunidades antiguas transmitían la memoria de sus mártires. Sin embargo, no ofrecen una base sólida para reconstruir la vida de Nereo y Aquileo. El relato combina personajes, lugares y episodios de distintas tradiciones romanas, hasta vincular a los dos santos con numerosos mártires e incluso con relatos apócrifos relacionados con Simón Mago.3

La historiografía católica distingue, por tanto, entre dos niveles:

  • La memoria martirial y litúrgica, muy antigua y firmemente vinculada a la tumba de Domitila.
  • La biografía narrativa de las Actas, redactada posteriormente y cargada de elementos edificantes, dramáticos y legendarios.

Esta distinción no destruye la veneración de san Nereo. Permite comprenderla con mayor rigor, sin confundir la certeza de su culto y de su martirio con detalles biográficos que carecen de confirmación histórica.

Soldados romanos o servidores de Domitila

La versión militar

La inscripción de san Dámaso constituye el fundamento de la imagen de Nereo y Aquileo como soldados romanos. El texto no los presenta simplemente como cristianos perseguidos, sino como hombres que habían prestado servicio militar y que, después de abrazar la fe, renunciaron a las armas y a la obediencia que los vinculaba con el poder persecutorio.1

Esta tradición posee una fuerza teológica particular. Los mártires no aparecen como personas alejadas de las estructuras de poder, sino como miembros de una institución imperial que tuvieron que discernir entre la obediencia legítima y la participación en una injusticia. La decisión de abandonar el ejército simboliza el rechazo de una conducta incompatible con el Evangelio.

La versión doméstica y cortesana

Las Actas transformaron a Nereo y Aquileo en servidores de Domitila. La narración los convierte en eunucos de su casa y compañeros de su exilio. El cambio de perfil probablemente respondió a la necesidad literaria de integrarlos en una historia más amplia sobre la conversión y el martirio de una mujer perteneciente a una familia noble.

La versión narrativa no coincide con la inscripción de Dámaso. El conflicto entre ambos testimonios exige una valoración crítica: la inscripción, más antigua y vinculada directamente a la tumba, merece prioridad histórica. Las Actas pueden conservar recuerdos parciales o tradiciones locales, pero sus detalles no alcanzan el mismo grado de fiabilidad.3

La realidad de los mártires y las invenciones posteriores

La tradición cristiana romana conserva una realidad histórica fundamental: dos mártires llamados Nereo y Aquileo recibieron culto en la catacumba de Domitila desde una época muy antigua. La epigrafía, la arquitectura funeraria, los itinerarios de peregrinación y la liturgia convergen en este punto.

La conversión de ambos en soldados romanos también requiere matización. La inscripción de Dámaso sí los relaciona con el ejército, pero los relatos posteriores pudieron intensificar esa imagen y dotarla de rasgos heroicos convencionales: el abandono de las armas, la ruptura pública con el campamento y la confrontación directa con las autoridades. El dato epigráfico ofrece una base antigua; la escenificación dramática pertenece en buena medida al desarrollo hagiográfico.

Por ello, conviene evitar dos errores opuestos. El primer error consiste en rechazar por completo la existencia de los mártires porque las Actas contienen elementos legendarios. El segundo consiste en aceptar como hechos comprobados todos los detalles de esas narraciones. La posición más razonable reconoce la antigüedad del culto y del martirio, concede un valor especial a la inscripción damasiana y trata con cautela los episodios literarios.

Relación con santa Domitila

Domitila en la tradición romana

La cercanía entre las tumbas de Nereo, Aquileo y santa Domitila favoreció la formación de una tradición común. El cementerio pertenecía a un entorno asociado a la familia de Domitila, y los relatos posteriores interpretaron esa proximidad funeraria como prueba de una relación personal entre los santos.

La tradición romana vinculó a Domitila con la persecución de los cristianos bajo el emperador Domiciano. Los relatos históricos antiguos transmiten noticias sobre una mujer de la familia imperial desterrada por su fe cristiana, aunque la identificación exacta de las distintas mujeres llamadas Flavia Domitila ha suscitado debate entre los historiadores.1

La asociación devocional

La proximidad de las sepulturas explica que la liturgia y la piedad popular recordaran juntos a Nereo, Aquileo y Domitila. Sin embargo, la asociación cultual no demuestra por sí sola que los dos mártires fueran criados o servidores personales de Domitila. La arqueología confirma la relación entre sus lugares de memoria, pero no prueba todos los vínculos personales descritos por las Actas.

La tradición conserva así un núcleo común -la fidelidad cristiana, la persecución y el martirio- junto con elaboraciones destinadas a presentar una historia coherente y edificante para los peregrinos.

La basílica y la memoria de los mártires

La iglesia de la catacumba

A finales del siglo IV, el papa san Siricio promovió la construcción de una iglesia subterránea sobre la zona funeraria de Nereo y Aquileo. Poco después, una basílica de mayores dimensiones consolidó el lugar como centro de peregrinación. El edificio, levantado entre los años 390 y 395, formaba parte del complejo de la catacumba de Domitila.2

El templo expresaba una convicción esencial de la Iglesia antigua: la comunidad cristiana no veneraba una idea abstracta del martirio, sino la memoria de personas concretas cuyos cuerpos aguardaban la resurrección. La tumba, el altar y la celebración litúrgica integraban la esperanza escatológica con la memoria histórica.

Restauraciones y traslado de las reliquias

La iglesia fue reconstruida o renovada en épocas posteriores. El papa León III impulsó una nueva construcción hacia el año 800. Con el paso del tiempo, el edificio quedó arruinado y las reliquias fueron trasladadas a otros lugares de Roma. El cardenal César Baronio restauró posteriormente la iglesia y promovió el retorno de las reliquias a su antiguo santuario.1

El traslado de reliquias formaba parte de las prácticas habituales de la cristiandad medieval y moderna. La comunidad procuraba proteger los restos de los mártires, asegurar su veneración y conservar su presencia en los espacios litúrgicos de la ciudad.

La fiesta litúrgica

Fecha y celebración

La Iglesia celebra a san Nereo y san Aquileo el 12 de mayo. La memoria aparece habitualmente unida a la de santa Domitila, mientras que san Pancracio recibe una conmemoración relacionada, pero distinta, debido a su sepultura junto a la vía Aurelia. Los antiguos calendarios romanos ya distinguían ambos lugares de culto.

El Martirologio Romano resume la memoria de Nereo y Aquileo recordando su abandono de la vida militar, su confesión de Cristo y el enterramiento de sus cuerpos en el cementerio de Domitila, junto a la vía Ardeatina.

Sentido espiritual

La celebración litúrgica propone a Nereo y Aquileo como testigos de una fidelidad que exige decisiones concretas. Su memoria invita a considerar:

  • La primacía de la conciencia cristiana frente a toda orden injusta.
  • La renuncia a la violencia y a la idolatría.
  • La fortaleza necesaria para abandonar una posición social o profesional incompatible con la fe.
  • La esperanza cristiana en la victoria de Cristo sobre la muerte.

La liturgia no necesita resolver todos los detalles biográficos para transmitir el núcleo del testimonio martirial. La Iglesia celebra a quienes entregaron su vida por Cristo y reconoce en ellos una manifestación de la gracia capaz de transformar el miedo en libertad.

Iconografía

La iconografía tradicional representa a Nereo y Aquileo como soldados romanos, normalmente con vestimenta militar, escudos, lanzas o espadas. Esta representación deriva principalmente de la inscripción de san Dámaso y de la tradición litúrgica que describe su abandono de las armas.

En algunas representaciones aparecen junto a santa Domitila, especialmente cuando la escena reúne a los santos venerados en el cementerio romano. El carácter militar de las imágenes no debe interpretarse como una glorificación de la guerra. El sentido principal reside en la renuncia de los mártires a las armas y en su elección de la fidelidad cristiana por encima de la obediencia a un poder perseguidor.

Nereo en la tradición de los mártires romanos

San Nereo forma parte de una amplia comunidad de mártires romanos cuyo culto quedó unido a las catacumbas y a las grandes vías de acceso a la ciudad. Estos lugares funcionaron como espacios de memoria, oración y peregrinación. Los itinerarios redactados en el siglo VII todavía identificaban la sepultura de Nereo y Aquileo en la catacumba de Domitila.

El caso de Nereo ilustra también la evolución de la literatura hagiográfica. La comunidad cristiana conservó primero un nombre, una tumba y una memoria litúrgica. Más tarde, los autores elaboraron relatos que integraban a los mártires en historias de conversiones, destierros, torturas y ejecuciones. La fe cristiana recibió esas narraciones como instrumentos de edificación, mientras que la investigación histórica distingue hoy entre el núcleo antiguo y las ampliaciones literarias.

Valoración histórica

Datos firmemente establecidos

Los datos mejor fundamentados sobre san Nereo pueden resumirse así:

  • Nereo fue un mártir cristiano venerado junto con Aquileo.
  • Ambos recibieron sepultura en el cementerio de Domitila, junto a la vía Ardeatina.
  • Su culto ya estaba consolidado en el siglo IV.
  • El papa san Dámaso I dedicó una inscripción a su memoria.
  • La inscripción los relaciona con el servicio militar y con el abandono de las armas después de su conversión.
  • Una basílica fue levantada sobre su lugar de enterramiento a finales del siglo IV.
  • La Iglesia celebra su memoria el 12 de mayo.1,2

Datos transmitidos por las leyendas

Poseen un grado histórico menor los siguientes elementos:

  • La condición de eunucos y servidores de cámara de Flavia Domitila.
  • El destierro conjunto a la isla de Ponza.
  • La ejecución de ambos en Terracina bajo el emperador Trajano.
  • La recepción del bautismo directamente de manos del apóstol san Pedro.
  • Los discursos, milagros y episodios dramáticos narrados por las Actas.

Las narraciones pueden reflejar tradiciones devocionales antiguas, pero su redacción tardía y su carácter literario impiden utilizarlas como crónica segura de la vida de Nereo.3

Significado cristiano de su martirio

La figura de san Nereo recuerda que el martirio no consiste únicamente en soportar una pena física. También implica una decisión moral y espiritual: reconocer a Cristo como Señor cuando las autoridades humanas exigen una conducta incompatible con la fe.

La inscripción damasiana representa esa decisión mediante el abandono de las armas. Nereo y Aquileo dejaron atrás una identidad vinculada al poder imperial y adoptaron una nueva pertenencia, la de los discípulos de Cristo. La tradición litúrgica contempla en ellos a hombres que pasaron del temor a la confesión pública y de la obediencia al perseguidor a la libertad de los hijos de Dios.

Su culto invita a los cristianos a examinar las formas contemporáneas de presión social, profesional o política que pueden entrar en conflicto con la conciencia y con la ley moral. La memoria de los mártires no promueve la violencia ni la confrontación por sí misma: llama a la fidelidad, a la verdad y a la disposición para asumir las consecuencias de una vida conforme al Evangelio.

Conclusión

San Nereo pertenece al grupo de los antiguos mártires de Roma cuya existencia histórica queda vinculada a una tumba, una inscripción y una celebración litúrgica. La evidencia epigráfica de san Dámaso presenta a Nereo y Aquileo como antiguos militares que abandonaron las armas y entregaron la vida por Cristo. Las Actas, redactadas posteriormente, los convirtieron en servidores de santa Domitila y añadieron numerosos episodios de carácter legendario.

La catacumba de Domitila conserva la memoria real de estos mártires, mientras que la evolución literaria de su historia muestra cómo la piedad cristiana expresó su ideal de fidelidad mediante relatos heroicos. La Iglesia celebra a san Nereo el 12 de mayo y propone su testimonio como ejemplo de conversión, libertad de conciencia y perseverancia hasta el martirio.

Citas y referencias

  1. B12: Sds. Nereus, Aquiles y Domitila, mártires (¿primer siglo?). Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 288 (1990). 2 3 4 5 6 7
  2. Cementerios cristianos romanos tempranos. Enciclopedia Católica, Cementerios cristianos romanos tempranos (1913). 2 3 4
  3. Santos Nereus y Aquiles, Domitila y Pancracio. Enciclopedia Católica, Santos Nereus y Aquiles, Domitila y Pancracio (1913). 2 3 4 5 6 7
Modificado el 14 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.15Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/jpmsn53vw

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