La hagiografía de San Nicolás reúne episodios destinados a manifestar su caridad, su defensa de los inocentes y su poder de intercesión. Conviene distinguir entre el núcleo histórico -un obispo de Mira del siglo IV- y los relatos edificantes desarrollados posteriormente.
Las tres jóvenes y las monedas de oro
La narración más conocida cuenta que un hombre pobre de Patara tenía tres hijas, pero carecía de recursos para proporcionarles una dote matrimonial. Ante el riesgo de que la miseria las obligara a ejercer la prostitución, Nicolás habría arrojado durante la noche una bolsa de oro por una ventana. Repitió el gesto con cada una de las tres jóvenes. La familia pudo así afrontar su futuro con dignidad.
Este relato explica la representación de San Nicolás con tres bolsas de oro, tres monedas o tres esferas doradas. También constituye uno de los fundamentos de su patronazgo sobre los niños, las jóvenes casaderas, los pobres y quienes atraviesan dificultades económicas.
La historia muestra un rasgo central de la devoción al santo: la caridad discreta. Nicolás no busca reconocimiento público, sino que protege al necesitado sin humillarlo. La entrega nocturna de los regalos contribuyó además a relacionar su figura con la distribución secreta de presentes.
La leyenda de los tres niños
Otra tradición narra que un posadero asesinó a tres niños y ocultó sus cuerpos en una tina de salmuera. San Nicolás habría descubierto el crimen y devuelto la vida a los pequeños.
La leyenda probablemente nació por una interpretación posterior de los tres recipientes o bolsas de oro asociados al relato de las jóvenes. La literatura devocional medieval fusionó ambos episodios y convirtió a Nicolás en protector especial de los niños.
El motivo de los tres niños aparece con frecuencia en el arte cristiano occidental. La escena no ofrece un dato biográfico históricamente comprobable, pero desempeñó un papel decisivo en la formación de la piedad popular.
Los tres oficiales condenados injustamente
Una de las leyendas más antiguas presenta a tres oficiales imperiales condenados a muerte por una acusación falsa. Nicolás habría acudido al lugar de la ejecución, detenido al verdugo y obligado al gobernador Eustacio a reconocer la injusticia cometida.
Más tarde, aquellos oficiales habrían sido encarcelados en Constantinopla por una intriga política. Al invocar la ayuda del obispo de Mira, Nicolás se habría aparecido en sueños al emperador Constantino y al prefecto Ablavio. Ambos comprendieron la inocencia de los condenados y ordenaron su liberación.
Este relato explica que San Nicolás sea invocado como protector de los presos, los cautivos, los acusados injustamente y quienes afrontan procesos injustos. También presenta al santo como defensor de la justicia, no solo como benefactor de los pobres.
Protección de los marineros
La tradición oriental atribuye a Nicolás la salvación de unos marineros sorprendidos por una tormenta frente a las costas de Licia. Los navegantes habrían invocado su nombre y contemplado su aparición en medio del temporal. La intervención del santo les habría permitido alcanzar el puerto.
Este relato originó su patronazgo sobre los marineros y los viajeros por mar. En el mundo griego, los navegantes asociaron a San Nicolás con la protección durante las travesías y utilizaron expresiones populares que pedían al santo sostener el timón o conceder un buen viaje.