La presencia real de Cristo
La cuestión eucarística ocupó un lugar central en las controversias de la Reforma. La fe católica sostiene que Jesucristo está presente en la Eucaristía verdadera, real y sustancialmente. La presencia no depende de la percepción sensible ni queda reducida a una evocación de la Última Cena. El sacramento contiene a Cristo entero: cuerpo, sangre, alma y divinidad.
La reflexión teológica católica explica esta transformación mediante el término transubstanciación. Esta palabra expresa que, por la consagración, cambia la sustancia del pan y del vino, mientras permanecen sus apariencias sensibles. La doctrina busca salvaguardar simultáneamente dos verdades: la realidad sacramental del don de Cristo y el hecho de que los sentidos continúan percibiendo pan y vino.
La enseñanza de Nicolás Pick se sitúa en continuidad con la tradición católica que defendía la identidad real entre Cristo y el sacramento. En la Edad Media, diversas controversias habían cuestionado el modo de comprender la presencia eucarística. La disputa más severa del siglo XVI surgió con la Reforma, que produjo interpretaciones diferentes entre luteranos, zwinglianos y calvinistas.
Divergencias entre los reformadores
Martín Lutero mantuvo una afirmación fuerte de la presencia de Cristo en la Cena del Señor, aunque dentro de un marco teológico distinto del católico. Ulrico Zuinglio interpretó la Eucaristía principalmente como signo o memorial, mientras que Juan Calvino propuso una presencia de carácter espiritual y dinámico, comunicada al creyente por la acción de Cristo desde el cielo.
Estas divergencias no constituían un detalle secundario. Afectaban a la naturaleza de la Iglesia, al sacerdocio ministerial, al sacrificio de la misa, a la adoración eucarística y a la comprensión de la presencia de Cristo en el mundo. En Gorcum, la exigencia de negar la Eucaristía y la autoridad pontificia pretendía quebrar precisamente los vínculos doctrinales y sacramentales que unían a aquellos sacerdotes con la Iglesia católica.
Institución y epíclesis
La teología eucarística también estudió la relación entre las palabras de la institución -«Esto es mi cuerpo» y «Esta es mi sangre»- y la epíclesis, es decir, la invocación del Espíritu Santo sobre los dones y sobre la comunidad. Las tradiciones litúrgicas latina y bizantina expresan de manera diferente la acción consecratoria, pero ambas profesan la realidad de la presencia eucarística.
La tradición oriental contempla de manera particularmente explícita la invocación del Espíritu Santo para la transformación del pan y del vino y para la transformación espiritual de los fieles en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. La tradición latina concede un papel decisivo a las palabras de Cristo en el relato de la institución, sin excluir la acción del Espíritu ni el conjunto de la plegaria eucarística.
Esta cuestión histórica no debe confundirse con la controversia que llevó al martirio de los santos de Gorcum. En el siglo XVI, la disputa principal enfrentaba la doctrina católica de la presencia sustancial con interpretaciones que entendían la Cena del Señor como símbolo, presencia espiritual o comunicación de los efectos de Cristo. La defensa de Nicolás Pick se centró en la realidad sacramental de Cristo y en la autoridad de la Iglesia que custodia los sacramentos.