El nombre de Onésimo y el problema de las identificaciones
En la antigüedad, Onésimo fue un nombre relativamente común, especialmente entre personas de condición servil. Esta circunstancia es decisiva: cuando un personaje con ese nombre adquirió relevancia cristiana, pudo ser identificado de manera espontánea con otras personas homónimas, e incluso con mártires o pastores de épocas distintas. Por eso, la tradición hagiográfica no presenta una única trayectoria perfectamente uniforme para «san Onésimo», sino un conjunto de memorias que se solapan.1
La raíz neotestamentaria: Filemón y la carta de Pablo
La referencia más sólida y mejor documentada en el registro cristiano primitivo es la que emerge del ambiente paulino: el esclavo Onésimo aparece en relación con Filemón, un cristiano de Colosas, y su papel se entiende a través de la Carta a Filemón (y, en algunos análisis, también por posibles menciones en la Carta a los Colosenses). En esta línea, lo que se puede conocer con mayor seguridad se reduce esencialmente a lo que se desprende del propio texto bíblico y de la transmisión patrística que lo comenta.1,2

