El escenario de la evangelización
La Pomerania se integraba en un mundo fronterizo, donde convivían elementos culturales y religiosos variados. Las luchas por la dominación y las decisiones de los príncipes condicionaban el ritmo de la evangelización. En ese marco, la biografía de Otón lo describe como figura decisiva para convertir el anuncio cristiano en un proceso efectivo, con catequistas, predicación y bautismo.,
Primer gran viaje misionero (1124-1125)
Tras los intentos previos de evangelización desde instancias polacas y también desde un obispo italiano, el duque Boleslaus III recurrió a Otón para confiarle la misión. La biografía conecta el cambio de enfoque con una estrategia más amplia: la misión de Otón recibió un carácter de mayor presencia germánica y una coordinación que facilitó el contacto con las élites locales y el aprendizaje progresivo de la fe.
En mayo de 1124, Otón emprendió el viaje con un grupo de sacerdotes y catequistas. Recorrió rutas por Praga, Breslavia, Poznan y Gnesen en la Pomerania oriental. El relato insiste en que Otón ganó el respeto del duque y atrajo a la población gracias a su actitud serena y firme, a su apariencia, a su generosidad y a su predicación.
La biografía presenta resultados concretos: Otón convirtió Pyritz, Kammin, Stettin y Julin, y estableció en nueve lugares once iglesias. La narración recoge además un número de bautismos: 22.165 personas.
En 1125, Otón regresó a Bamberg para celebrar la misión bajo un nuevo horizonte de continuidad: organizó el cuidado pastoral de los convertidos mediante el envío de clero desde su sede.
Segundo viaje misionero (c. 1128) y consolidación
Al surgir de nuevo prácticas paganas, Otón realizó un segundo itinerario por la Pomerania hacia 1128, pasando por Magdeburgo y Havelberg. En la dieta de Usedom, la biografía sitúa un momento de predicación con efecto sobre la nobleza: Otón convenció a los principales del territorio para integrarse en la fe cristiana.
El relato atribuye a Otón también la tarea de recuperar comunidades que habían abandonado la fe y de mantener contacto constante con los habitantes, enviando sacerdotes desde Bamberg. Esta insistencia en la continuidad pastoral sitúa a Otón como misionero que no se limitó al impacto inicial del bautismo, sino que quiso consolidar una vida cristiana estable.
La organización eclesiástica para Pomerania
La misión de Otón afrontó una dificultad decisiva: su deseo de conseguir la consagración de un obispo para la Pomerania encontró obstáculos por la cuestión de los derechos metropolitanos reclamados por otras sedes. El proceso tardó; en 1140, Adalberto, antiguo compañero de Otón, recibió confirmación como obispo de Julin.,
Esta demora no destruyó el fruto de la misión: la Iglesia en la región reorganizó gradualmente su estructura. El camino a la fijación de una sede episcopal muestra cómo la evangelización exigía también decisiones de gobierno eclesial.,