La enciclopedia católica en español

San Ovidio

San Ovidio, llamado también san Audito y, en portugués, Santo Ovídio, es el tercer obispo de Braga según la tradición de aquella Iglesia y uno de sus primeros mártires. Ciudadano romano, enviado por el papa san Clemente I a la antigua Bracara Augusta, gobernó la joven comunidad cristiana del noroeste de Hispania hasta su muerte, hacia el año 135. Su sepulcro y sus reliquias reciben veneración en la catedral de Braga, la Iglesia celebra su memoria el 3 de junio y los fieles lo invocan como intercesor en las enfermedades del oído y en la sordera.

Santo Ovidio
Ver información de la imagenEstatua de San Ovidio en la Catedral de Braga, Braga, Portugal, c. 2009. Original, Joseolgon, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Ovidio
CategoríaSanto
Otros nombres
  • Ovidio
  • São Ouvido
Descripciónhacia el año 135
TítuloTercer obispo de Braga
Cargo EclesiásticoTercer obispo de Braga
Lugar de NacimientoSicilia
NacionalidadRomana
Referenciasn. 2473, n. 1674, n. 956, n. 828
AtributosVestiduras romanas, ornamentos episcopales o hábito de ermitaño, y Evangelio en la mano izquierda
EnseñanzasEnfermedades del oído, sordera y problemas de audición
Estado de VidaObispo y mártir
Festividad3 de junio
Lugar de SepulturaCatedral de Braga
MartirioMurió mártir hacia el año 135 durante el reinado de Adriano

Tabla de contenido

Nombre y significado

La forma Ovidio procede del latín Ovidius, un nombre gentilicio romano que el uso cristiano heredó del mundo clásico. No debe confundirse con el poeta Publio Ovidio Nasón, que pertenece a otra época y a otra historia.

El nombre más antiguo del santo parece haber sido Audito (en latín, Auditus), una palabra emparentada con el verbo audire, «oír». La lápida primitiva de su sepulcro decía «ossa b. Audit. Episcopi», es decir, «huesos del bienaventurado Audito, obispo». Una inscripción posterior sustituyó esa fórmula por otra que lo nombra como «Ovidii tertii bracarensis episcopi», «Ovidio, tercer obispo de Braga». Desde entonces conviven ambas formas.1

La piedad popular portuguesa percibió en el nombre una resonancia con la palabra ouvido, «oído», y lo llama familiarmente São Ouvido. Esa asociación explica en buena parte que la devoción lo relacione con las dolencias auditivas.2

El contexto: la Iglesia de Braga en los primeros siglos

Bracara Augusta

Bracara Augusta, la actual Braga, nació como ciudad romana en tiempos del emperador Augusto y llegó a ser un núcleo administrativo y comercial de primer orden en la provincia de Gallaecia, en el extremo noroccidental de la península ibérica. Las calzadas, el comercio y la presencia militar facilitaron allí la llegada del Evangelio, como ocurrió en tantas ciudades del Imperio.

La sucesión de los primeros obispos

Los antiguos breviarios de Braga y de Évora recogen una tradición que atribuye la primera predicación en la región a san Pedro de Rates, discípulo del apóstol Santiago el Mayor y considerado primer obispo de la ciudad. La crítica histórica la valora como tradición piadosa, sin los apoyos documentales que permitirían demostrarla con rigor.3

Los datos más firmes sobre los obispos de Braga comienzan en el siglo IV, con Paterno, que gobierna la sede hacia el año 390. Poco después aparece Balconio, destinatario hacia el 415 de una carta de Luciano y de una reliquia de san Esteban, que tradujo y presentó el presbítero Avito. Con el pontificado de León I (440-461), Braga pasa a ser sede metropolitana. En el siglo VI brilla san Martín de Braga, que convirtió a los suevos del arrianismo.3

San Ovidio ocupa el tercer lugar en la lista tradicional de pastores de Braga. Su memoria enlaza, por tanto, con los orígenes más remotos de aquella Iglesia, anteriores a los testimonios escritos del siglo IV.

Vida según la tradición

Origen y vocación

Las hagiografías portuguesas del siglo XVI describen a Ovidio como un ciudadano romano de origen siciliano. La tradición añade que conoció la predicación de los apóstoles Pedro y Pablo y que se sumó con generosidad al empuje evangelizador de los primeros tiempos de la Iglesia.1,4

Enviado a Braga por el papa Clemente I

El papa san Clemente I, sucesor de Pedro en la sede de Roma, reconoció en Ovidio las cualidades de un buen pastor y lo envió a Hispania para regir la Iglesia de Braga. La cronología tradicional sitúa el comienzo de su episcopado hacia el año 95.1,2

Esta misión muestra un rasgo permanente de la vida eclesial: el obispo no se autoproclama, sino que recibe su encargo de la comunión con la sede apostólica y de la Iglesia que lo envía.

Episcopado y evangelización del noroeste peninsular

La tradición lo presenta como un apóstol incansable, que dio esplendor al cristianismo naciente en el noroeste de Hispania. Su ministerio abarcó la predicación, la administración de los sacramentos y el cuidado de unas comunidades dispersas, formadas por gentes muy distintas: soldados, funcionarios, comerciantes y esclavos, además de las poblaciones nativas.

El episcopado de Ovidio se prolonga, según esa cronología, durante cuatro décadas, de modo que su figura representa la continuidad y el arraigo del Evangelio en la tierra bracarense más que un episodio breve.

El bautismo de santa Quiteria y de sus hermanas

La tradición portuguesa le atribuye el bautismo de santa Quiteria y de sus hermanas. Según el relato, su madre las abandonó al nacer y unas mujeres las criaron en la fe cristiana. Quiteria, nacida en Braga, se negó a renunciar a Cristo y murió decapitada en Aire-sur-l’Adour, en la Gascuña francesa.2,5

La Iglesia celebra a santa Quiteria el 22 de mayo, y su culto alcanza desde el norte de Portugal hasta el sur de Francia. En España, la catedral de Sigüenza venera a santa Liberata, una de sus hermanas según la tradición.5 Este vínculo coloca a san Ovidio en el origen de una de las devociones más extendidas de la antigua Gallaecia.

El martirio

La tradición afirma que Ovidio murió mártir hacia el año 135, durante el reinado de Adriano, cuando los cristianos podían ser juzgados y condenados por confesar su fe. Su cuerpo recibió sepultura en Braga.1,2

Significado teológico: el obispo y mártir

El obispo, sucesor de los apóstoles

El Concilio Vaticano II enseña que los obispos suceden a los apóstoles por institución divina como pastores de la Iglesia. Quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió.6 San Ovidio encarna esa verdad: sirve a su Iglesia en comunión con Roma y hace presente a Cristo pastor en una ciudad todavía mayoritariamente pagana.

El martirio, testimonio supremo

El Catecismo de la Iglesia Católica define el martirio como el supremo testimonio de la verdad de la fe, un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, que murió y resucitó, y se une a él mediante la caridad.7 En el obispo mártir se unen las dos formas más altas de servicio: pastorear al pueblo de Dios y entregar la vida por él.

El sepulcro y las reliquias

El sepulcro en la catedral de Braga

El cuerpo de san Ovidio descansa en la Sé de Braga, la catedral más antigua de Portugal. Hasta el año 1708, el santo tuvo en el templo un altar y un sepulcro propios, que atrajeron durante siglos a peregrinos de toda la región.1

La elevación de las reliquias en 1527

En 1527 las reliquias del santo fueron elevadas con solemnidad. Aquel acto dio reconocimiento oficial a su culto y confirmó a Ovidio como santo propio de la Iglesia de Braga.1,2

El traslado de 1708

En 1708, el arzobispo don Rodrigo de Moura Teles trasladó la sepultura dentro de la catedral. Con ese motivo desapareció la primitiva inscripción y el sepulcro pasó a nombrar al santo como Ovidio, tercer obispo de Braga.1

Los dos orificios del sepulcro

La base del antiguo sepulcro tenía dos pequeños orificios. Los sordos introducían en ellos los dedos y después los llevaban a los oídos mientras pedían, con fe, la intercesión del santo. Esta costumbre, de enorme expresividad, dio fama a Ovidio como protector de quienes padecen sordera.1,8

La Iglesia reconoce la legitimidad de esta piedad popular, que incluye la veneración de las reliquias, las visitas a los santuarios y las peregrinaciones, siempre que se oriente hacia Cristo y se alimente de la liturgia.9

Culto y devoción

La fiesta litúrgica

La Iglesia celebra la memoria de san Ovidio el 3 de junio. Católicos y ortodoxos lo veneran como santo.1

El Concilio Vaticano II explica el sentido de estas celebraciones: en las fiestas de los santos, la Iglesia proclama el misterio pascual de Cristo en quienes padecieron con él y con él fueron glorificados, y los propone a los fieles como ejemplo.10

Patrono de los males del oído

La devoción popular lo invoca especialmente en las enfermedades del oído, la sordera y los problemas de audición. Los fieles acuden a él con la confianza de quien pide a un amigo de Dios que presente su necesidad ante el Señor.2,8

En la ermita dedicada al santo cerca de Ponte de Lima, en el norte de Portugal, los devotos rodean la imagen con pequeñas figuras de cera en forma de oído, ofrecidas como señal de súplica y de agradecimiento.8 Estos exvotos no pretenden obtener la curación como si fuera un derecho: expresan la fe en que Dios, que escucha a su pueblo, puede sanar por la intercesión de sus santos.

Una devoción viva en el norte de Portugal

San Ovidio recibe especial veneración en la archidiócesis de Braga y en la diócesis de Oporto. Su nombre ha quedado grabado en el paisaje y en la vida de numerosas localidades:2

  • En Fafe, el Castro de Santo Ovídio y la parroquia que lleva su nombre.
  • En Vairão (Vila do Conde), una capilla dedicada al santo.
  • En Mafamude (Vila Nova de Gaia), donde su nombre designa la localidad y la fiesta local.
  • En Oporto, con una parroquia bajo su advocación.

Las fiestas populares en su honor tienen lugar sobre todo en agosto y septiembre en Vairão, Fafe y Mafamude. Procesiones, misas y encuentros de convivencia mantienen vivo el recuerdo del obispo mártir.2,11

Iconografía

Los relatos del siglo XVII describen imágenes del santo con vestiduras romanas, con ornamentos episcopales o con hábito de ermitaño, y siempre con el Evangelio en la mano izquierda. Esa diversidad de representaciones sugiere un culto más antiguo que las hagiografías del siglo XVI.2

Los atributos expresan su identidad: la dignidad romana recuerda su condición de ciudadano del Imperio, las insignias episcopales manifiestan su oficio pastoral y el libro de los Evangelios señala la Palabra que predicó y por la que murió. La catedral de Braga conserva además una estatua del santo.

La intercesión de los santos

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que los habitantes del cielo, unidos íntimamente a Cristo, consolidan a toda la Iglesia en la santidad y no dejan de interceder por nosotros ante el Padre, presentando los méritos que alcanzaron en la tierra por el único mediador entre Dios y los hombres.12 Por eso, quien acude a san Ovidio no sustituye a Cristo, sino que se une a la oración de un hermano que ya contempla a Dios.

Al canonizar a algunos fieles, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad que actúa en ella y sostiene la esperanza de los creyentes al proponerles a los santos como modelos e intercesores.13 La figura de Ovidio ofrece a los fieles de hoy tres enseñanzas:

  • Fidelidad al encargo recibido, aun lejos de la patria y en un entorno hostil.
  • Entrega pastoral, vivida durante décadas y culminada en el martirio.
  • Confianza en la intercesión, expresada en una devoción sencilla que ha llegado hasta nuestros días.

Valoración histórica y espiritual

La memoria de san Ovidio pertenece a la tradición viva de la Iglesia de Braga: su origen siciliano, el envío por Clemente I y las fechas de su episcopado y de su muerte forman el relato que aquella comunidad transmite desde hace siglos. La antigüedad del sepulcro, la forma primitiva de su nombre grabada en la lápida y la continuidad ininterrumpida de su culto confirman que la Iglesia bracarense guarda el recuerdo de un pastor y mártir muy querido por su pueblo.

Para los católicos, san Ovidio recuerda que el Evangelio llegó a la península ibérica por el testimonio de hombres concretos, que sirvieron a Cristo con su palabra y con su sangre. Su memoria invita a pedir por quienes sufren sordera, pero también a escuchar con atención la Palabra de Dios, que es la verdadera medicina del oído interior.

Citas y referencias

  1. Antonio Borrelli. Sant’Audito (Ovidio) di Braga, vescovo e martire. Santi e Beati (2002). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Alberto Júlio Silva. Os Nossos Santos e Beatos. A Esfera dos Livros, 2012, p. 87. 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Historia eclesiástica de Braga. Enciclopedia Católica, Braga (1913). 2
  4. Frederick George Holweck. Diccionario biográfico de los santos (edición original en lengua inglesa). B. Herder, 1924, p. 762.
  5. Santa Quiteria. Martirologio Romano, 22 de mayo. 2
  6. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 20 (1964).
  7. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2473 (1992).
  8. Biblioteca de la Universidad Gallaudet. Guía de biografías de sordos, Ovidio (San). 2 3
  9. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1674 (1992).
  10. Concilio Vaticano II. Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 111 (1963).
  11. Cámara Municipal de Fafe. Festa de Santo Ovídio.
  12. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 956 (1992).
  13. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 828 (1992).
Modificado el 12 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.02 • 92 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/vp1fnkw2r

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →