La Iglesia venera a Pablo Miki dentro del grupo de los veintiséis mártires de Nagasaki. El grupo no formaba una comunidad homogénea ni estaba compuesto exclusivamente por sacerdotes. La distinción entre sus integrantes resulta necesaria para evitar errores frecuentes en las biografías populares.
Los jesuitas
Entre los jesuitas figuraban tres japoneses:
- Pablo Miki, religioso y predicador, no sacerdote.
- Juan Goto, religioso japonés incorporado a la Compañía de Jesús.
- Santiago Kisai, también japonés y admitido en la Compañía poco antes del martirio.
Las fuentes historiográficas los distinguen de los franciscanos y precisan que Juan Goto y Santiago Kisai habían ingresado en la orden como hermanos religiosos poco antes de morir.
Por tanto, la presencia jesuita en el grupo no consistía en tres sacerdotes. Pablo Miki fue el miembro más conocido por su predicación, mientras que sus dos compañeros representaban la participación de los cristianos japoneses en la vida religiosa de la Compañía de Jesús.
Los franciscanos
Seis miembros del grupo pertenecían a la primera Orden de San Francisco:
- Pedro Bautista, sacerdote y superior de la misión franciscana.
- Martín de la Ascensión, sacerdote.
- Francisco Blanco, sacerdote.
- Felipe de Jesús, religioso mexicano que todavía no había recibido la ordenación sacerdotal.
- Gonzalo García, hermano lego.
- Francisco de San Miguel, hermano lego.
Los franciscanos habían llegado a Japón en un contexto diplomático y misionero relacionado con las autoridades de Filipinas. Fundaron conventos, escuelas y hospitales, y desarrollaron una intensa actividad evangelizadora.
Esta composición muestra otra diferencia esencial: entre los franciscanos había sacerdotes, un religioso que esperaba la ordenación y hermanos legos. La palabra «mártires» designa al grupo entero, pero no convierte a todos sus miembros en sacerdotes.
Los laicos y terciarios franciscanos
Los otros diecisiete mártires eran cristianos japoneses, en su mayoría vinculados a la Tercera Orden Franciscana. Entre ellos había catequistas, intérpretes, auxiliares de los misioneros, artesanos y niños que ayudaban en la celebración de la misa.
Entre los jóvenes figuraban Luis Ibaraki, Antonio Dainan y Tomás Kasaki. La presencia de menores manifiesta que la persecución afectó a familias y comunidades enteras, no solo a quienes desempeñaban funciones misioneras.
La pertenencia a la Tercera Orden no equivalía a la condición de fraile sacerdote. Los terciarios eran laicos que vivían la espiritualidad franciscana dentro de su estado de vida y colaboraban activamente con la misión. Esta diferencia resulta fundamental para comprender la variedad eclesial del grupo.