Tras su conversión, Pablo se dedicó sin reservas a la causa del Evangelio, convirtiéndose en el Apóstol de los Gentiles,. Desde el primer momento, comprendió que el mensaje de Cristo no era exclusivo para los judíos, sino que tenía un valor universal, ya que Dios es el Dios de todos.
Viajes Misioneros
La actividad apostólica de Pablo se organiza tradicionalmente en tres viajes misioneros principales, a los que se suma su viaje a Roma como prisionero, todos ellos narrados por Lucas en los Hechos de los Apóstoles,.
Primer Viaje Misionero
El punto de partida de sus viajes fue la Iglesia de Antioquía en Siria, donde por primera vez se anunció el Evangelio a los griegos y donde los creyentes en Cristo fueron llamados «cristianos». Desde allí, Pablo y sus compañeros zarparon hacia Chipre y luego a diversas regiones de Asia Menor, incluyendo Perga en Panfilia y Antioquía de Pisidia,. En estas ciudades, predicaba primero en las sinagogas a las colonias judías y luego a los gentiles.
Segundo Viaje Misionero
En su segundo viaje, Pablo continuó su labor evangelizadora, visitando ciudades como Filipos, Tesalónica y Berea en Macedonia, y luego Atenas y Corinto en Grecia,. En Atenas, predicó sobre el «Dios desconocido» en el Areópago. En Corinto, fue llevado ante Galión, procónsul de Acaya. Desde Cencreas, el puerto de Corinto, regresó a Éfeso.
Tercer Viaje Misionero
Durante su tercer viaje, Pablo regresó a Macedonia y luego a Grecia, pasando tres meses en Corinto antes de volver a Asia Menor. En todas estas localidades, estableció comunidades cristianas, afirmando: «Yo planté, Apolos regó, pero Dios dio el crecimiento» (1 Corintios 3:6). Su misión lo llevó a proclamar el Evangelio «desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria» (Romanos 15:19).
Viaje a Roma y Martirio
El destino final de Pablo fue Roma, el centro del mundo conocido en ese entonces, donde su testimonio de Cristo culminaría en el martirio,. Se cree que fue martirizado alrededor del año 67 d.C., posiblemente el mismo día que San Pedro, aunque esto no es una certeza. Antes de su muerte, escribió a Timoteo estas célebres palabras: «Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Timoteo 4:6-8). Su lugar de entierro se encuentra en la confessio de la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma.