Paulino no escribió tratados sistemáticos como los grandes arquitectos doctrinales, pero su poesía y su amplia correspondencia constituyen una teología expresada en la vida. La Iglesia lo presenta como maestro en una «teología tejida» con el Evangelio leído, meditado y asimilado.
Cartas y amistad espiritual
La tradición afirma la conservación de cuarenta y nueve cartas dirigidas a amigos y a miembros del círculo eclesial. Entre los destinatarios aparecen figuras como Sulpicio Severo, san Agustín, san Jerónimo, Delphino, Victricio de Ruan, Desiderio, Amandus y Pammachio.
Esa correspondencia ofrece un retrato de comunión eclesial sostenida por amistad espiritual. Paulino vivió la pertenencia a la Iglesia como un entramado de vínculos: su vida funcionó como punto de encuentro entre espíritus que buscaban la perfección cristiana.
Poemas y Carmina natalicia
Se conservan treinta y tres composiciones poéticas. Destacan los Carmina natalicia, himnos y cantos ligados a la fiesta de san Félix. Paulino compuso anualmente un himno para la celebración del mártir, con énfasis en la alabanza de la vida, las obras y los prodigios del patrono.,,
Su poesía también muestra un cambio de inspiración: abandonó formas marcadas por ideales paganos y orientó la belleza hacia el Cristo encarnado, crucificado y resucitado. La fe gobernó una estética nueva, en la que la Escritura y el Evangelio condujeron la creatividad.
Matrimonio cristiano y acompañamiento ante la muerte
Entre sus obras se mencionan un himno nupcial dedicado a Juliano, que ensalza la dignidad y santidad del matrimonio cristiano. También aparece un poema de consuelo dirigido a los padres de Celsus tras la muerte de su hijo. Estos textos muestran a Paulino como pastor capaz de sostener situaciones humanas concretas, poniendo la esperanza cristiana en el centro del dolor y del amor conyugal.