La ermita del Santo Calvario
Pedro comenzó su actividad apostólica como custodio y sacristán de la ermita del Santo Calvario, situada cerca del convento franciscano. El lugar se convirtió en el centro de su vida espiritual y en el punto de partida de numerosas iniciativas caritativas.
Desde allí visitaba hospitales, cárceles y viviendas de personas pobres. También atendía a emigrantes sin trabajo, jóvenes abandonados y adolescentes sin instrucción que habían quedado expuestos a los vicios y a la delincuencia. Su apostolado no consistía solo en socorrer necesidades inmediatas: buscaba proporcionar formación religiosa, educación y condiciones de vida más dignas.
Atención a los niños abandonados
Una de las principales preocupaciones del Hermano Pedro fueron los niños vagabundos y abandonados, sin distinción de origen étnico o condición social. Para ellos fundó una escuela y una institución de acogida en la que recibían enseñanza religiosa y civil.,
Su método educativo resultaba innovador para el siglo XVII. Pedro entendía que la caridad exigía proteger a los menores, enseñarles a leer y ofrecerles una formación que les permitiera abandonar la marginación. La escuela atendía a niños blancos, mestizos y negros, una amplitud de criterio que reflejaba su convicción de que toda persona posee igual dignidad ante Dios.,
El hospital para convalecientes
Pedro también dedicó especial atención a los enfermos pobres que, después de recibir el alta hospitalaria, todavía necesitaban cuidados y no disponían de un hogar donde recuperarse. Para ellos creó un hospital de convalecientes, considerado el primero de esta naturaleza.
La iniciativa respondía a una necesidad social concreta. Los hospitales de la época atendían a los enfermos durante la fase aguda de la enfermedad, pero muchos pacientes quedaban desamparados al abandonar sus instalaciones. El Hermano Pedro les ofreció alojamiento, alimentación, asistencia y acompañamiento hasta su recuperación.
Además del hospital, impulsó otros servicios: un oratorio, una escuela, una enfermería y una hospedería destinada a sacerdotes de paso y a estudiantes universitarios sin recursos. Llamó Belén a su obra, en recuerdo de la pobreza de la primera morada de Jesús.
Servicio a presos y marginados
La caridad de Pedro alcanzó también a los presos y a quienes sufrían condiciones laborales inhumanas. Visitaba las cárceles y recaudaba limosnas para los encarcelados. Su preocupación abarcaba tanto las necesidades materiales como la asistencia espiritual de los condenados.,
También atendió a esclavos negros, indígenas sometidos a trabajos penosos, emigrantes sin seguridad y personas excluidas de los sistemas ordinarios de asistencia. Para él, la acción cristiana debía reconocer el rostro de Cristo en cada ser humano, especialmente en quienes carecían de protección social.