Nacimiento y familia
Pedro Nolasco vino al mundo alrededor del año 1189 (aunque algunas fuentes mencionan 1182) en la localidad de Mas-des-Saintes-Puelles, cerca de Castelnaudary, en el departamento actual de Aude, en el sur de Francia.1 Pertenecía a una familia de la nobleza languedociana, no de la más alta aristocracia, pero con una posición social acomodada que le permitió una educación en valores cristianos desde la infancia. Su padre falleció cuando Pedro tenía unos quince años, dejándole como heredero una considerable herencia territorial.2 Bajo la tutela de su madre, quien fomentó sus inclinaciones piadosas, el joven Pedro se distinguió tempranamente por su generosidad en la limosna y su devoción religiosa, prácticas que marcaron su carácter compasivo.
Formación espiritual y conversión
Desde su juventud, Pedro mostró una notable piedad, pero fue alrededor de los veinte años cuando experimentó una conversión profunda que alteró el curso de su existencia. Reflexionando sobre la vanidad de las riquezas terrenas, pasó noches enteras en oración, consagrándose a Dios con un voto de virginidad y decidiendo dedicar su patrimonio al servicio de los pobres.2 Para huir de las influencias heréticas de los albigenses en su región natal, se trasladó a Barcelona hacia 1209 o 1215, donde encontró un entorno más favorable para su vocación.1 Allí, su compasión se dirigió especialmente hacia los cristianos esclavizados por los moros en la península ibérica y el norte de África, un drama común en el contexto de las Cruzadas y la Reconquista.
Aunque algunas tradiciones lo vinculan a la campaña de Simón de Montfort contra los albigenses y a un posible rol como tutor del joven rey Jaime I de Aragón, los historiadores modernos cuestionan estos detalles por falta de evidencia sólida.3 Lo cierto es que en Barcelona, Pedro comenzó a rescatar cautivos con sus propios recursos, agotando pronto su fortuna personal y moviendo a otros a contribuir con donativos.2

