En las fuentes hagiográficas se presenta a San Pedro Tomás como religioso y al mismo tiempo como un hombre de Estado al servicio de la Iglesia. Es caracterizado por la «combinación» de su vocación religiosa con una vida dedicada a las gestiones y negociaciones como representante de la Sede Apostólica.1
Se le atribuye además el título de patriarca titular de Constantinopla, en conexión con misiones orientales que buscaron reconciliar la Iglesia bizantina con Occidente.1

