Consagración episcopal
En 1354, Pedro Tomás recibió la consagración episcopal. Poco después actuó como representante pontificio en diversos territorios europeos. Su actividad no consistió únicamente en la predicación o en la administración de una diócesis: los papas lo utilizaron como legado pontificio, es decir, como enviado suyo con autoridad para negociar, mediar y ejecutar determinadas decisiones de la Santa Sede.
Pedro Tomás desempeñó su ministerio episcopal en un contexto donde las fronteras entre la diplomacia eclesiástica y la política internacional resultaban mucho menos nítidas que en la actualidad. Los obispos podían actuar como consejeros de reyes, mediadores entre ciudades rivales y representantes del papa ante emperadores y patriarcas.
Misiones en Italia
Una de sus primeras tareas diplomáticas consistió en negociar con las repúblicas y señoríos italianos, entre ellos Génova, Milán y Venecia. Las disputas entre esas potencias afectaban tanto a la estabilidad política de la península como a la organización de las empresas militares promovidas por los papas. Pedro Tomás intentó facilitar acuerdos y mantener la cooperación entre los gobernantes cristianos.
En Milán representó al papa durante la coronación de Carlos IV como rey de Italia. Después viajó a Serbia y recibió una nueva misión para contribuir a resolver las tensiones entre Venecia y Hungría. Aquellas iniciativas muestran la confianza que la corte pontificia depositó en su capacidad de negociación.
El contexto de los papas de Aviñón
La actividad de Pedro Tomás debe entenderse dentro de la política de los papas de Aviñón. La curia pontificia necesitaba mantener relaciones con numerosos poderes europeos, recaudar recursos, organizar alianzas y responder a las amenazas militares que afectaban a los territorios cristianos del Mediterráneo oriental.
El papado aviñonés afrontaba además una progresiva pérdida de la antigua primacía política temporal. Las tensiones entre la monarquía francesa, el Imperio, las ciudades italianas y la Santa Sede hacían necesaria una diplomacia flexible. El legado pontificio debía actuar en nombre del papa, pero también adaptarse a intereses locales, rivalidades dinásticas y complejas negociaciones económicas.
Pedro Tomás viajaba con austeridad y evitaba, según la tradición biográfica, el aparato suntuoso propio de un alto dignatario. Su estilo sencillo reducía los gastos de las misiones y facilitaba el contacto con personas de distinta condición social. Los relatos sobre su vida coinciden en presentar su oración, su deseo de evangelizar a los pobres y la confianza que inspiraba entre quienes lo trataban.