Orígenes y contexto histórico
San Pelayo nació en el siglo X en la zona de Tuy, al noroeste de la actual Galicia. Era sobrino del obispo de Tuy, quien, tras la derrota en la batalla de Valdejunquera, fue capturado por los árabes y llevado a Córdoba como rehén; allí, como parte del rescate, su sobrino Pelayo fue entregado como rehén a los musulmanes1.
El episodio del martirio
Según la Acta Sanctorum y la narración de Alban Butler, Pelayo tenía apenas trece años cuando se encontró bajo la custodia del califa Abd‑ar‑Rahmán III. El sultán le ofreció libertad, riquezas y honores a cambio de que renunciara a la fe cristiana y aceptara el islam. Pelayo respondió con firmeza: «Soy cristiano, he sido cristiano, y seguiré siendo cristiano”2. Ante su negativa, fue condenado a muerte. Las fuentes describen dos versiones del método de ejecución: una relata que fue atado a una “caballo de hierro” y sometido a una tortura prolongada; la otra indica que fue colgado de una horca y desmembrado, con sus restos arrojados al río Guadalquivir2. En ambos casos, el joven mantuvo su integridad y testimonio hasta el último momento.
Traslado de sus restos
Los fieles cristianos rescataron el cuerpo de Pelayo y lo guardaron en Córdoba hasta el año 967, cuando fue trasladado a León y, finalmente, en 985, a Oviedo, donde sus reliquias fueron depositadas en la catedral de San Salvador y se convirtieron en objeto de veneración pública2.
