De la agitación juvenil a la conversión
Peregrino perteneció a una familia acomodada y participó de joven en las tensiones políticas de su ciudad. La hagiografía lo describe inmerso en disputas cívicas y enfrentamientos que involucraron incluso a San Felipe Benicio, mediador enviado por el papa para promover la paz. El encuentro terminó con una agresión: Peregrino golpeó a Benicio y, aun así, recibió una respuesta de mansedumbre. Esa mansedumbre provocó el arrepentimiento y abrió camino a la reforma interior.,,
La llamada mariana y el camino hacia los Siervos
La tradición espiritual narra una experiencia decisiva: la Virgen María se le apareció en el marco de la oración y le dirigió hacia una comunidad de devotos que se llamaban «sus siervos». Peregrino obedeció esa llamada y se vinculó a los Siervos de María, iniciando una vida orientada a la perfección cristiana.,,
En su itinerario de entrega, Peregrino adoptó un principio de fondo: no permanecer en la mediocridad moral, sino avanzar sin descanso hacia la meta de la vida virtuosa. La tradición vincula esa decisión a prácticas prolongadas de penitencia, silencio y vida recogida.,,
Ministerio sacerdotal y fecundidad apostólica
La hagiografía lo presenta como sacerdote ideal: celebró con fervor los misterios santos, predicó con elocuencia y trabajó incansablemente en la reconciliación de los pecadores. Esa actividad apostólica no sustituyó la penitencia; ambos elementos convivieron y mostraron una espiritualidad centrada en la conversión y en la caridad pastoral.,,
Penitencia prolongada y práctica constante
Un rasgo característico de Peregrino fue una penitencia singularmente persistente: la tradición subraya que durante treinta años evitó sentarse y sostuvo largos tiempos de pie como ejercicio de mortificación. El relato insiste en que esa práctica marcó su vida cotidiana y alimentó el rigor interior con el que afrontó la enfermedad.,,