Primeros años y formación apostólica
Policarpo nació probablemente en Esmirna a finales del siglo I y, según el testimonio de Ireneo, fue instruido por el propio apóstol Juan y por otros que habían visto al Señor1. Esta transmisión directa de la fe le permitió convertirse en una autoridad apostólica en Asia Menor2.
Obispo de Esmirna
Nombrado obispo de Esmirna por los apóstoles que aún vivían en la región, Policarpo dirigió la comunidad cristiana de la ciudad, que era un importante centro de evangelización. Entre sus discípulos se encuentran San Ireneo y Papías, quienes atestiguan su santidad y enseñanza fiel a la tradición apostólica3.
Carta a los filipenses
Policarpo redactó una epístola a los filipenses, la cual fue leída públicamente en las iglesias de Asia y alabada por figuras como San Jerónimo e Ireneo. La carta contiene instrucciones doctrinales y morales, y se conserva como testimonio de su profunda espiritualidad y claridad expositiva4.
Viaje a Roma y disputa pascual
En el tiempo del emperador Antonino Pío, Policarpo viajó a Roma para conversar con el Papa San Aniceto sobre la celebración de la Pascua. Los cristianos de Asia seguían la costumbre de observarla el 14 del mes lunar, mientras que los romanos la celebraban el domingo siguiente. Tras largas discusiones, acordaron respetar mutuamente sus costumbres sin romper la caridad fraterna4.
Defensa contra las herejías
Durante su episcopado, Policarpo confrontó a los herejes marcionistas y valentinianos. Se dice que, al encontrarse con Marción en Roma, respondió: «Yo reconozco al primogénito del diablo»2. Esta firmeza en la defensa de la fe fue destacada por Ireneo, quien lo describió como un hombre de mayor peso que los propios herejes1.

