San Privato aparece como obispo y mártir en el martyrologio, con una devoción extendida en la Galia. El relato litúrgico lo presenta como pastor que dedicaba su vida a la oración y al ayuno y que, cuando llegó el peligro, rechazó traicionar a su rebaño y negarse a sacrificar a los ídolos. Los autores hagiográficos conectan ese rechazo con una muerte violenta, relatada como un martirio producido por los invasores.
En la tradición eclesial de la zona de Mende, San Privato ocupa un lugar especial porque la diócesis lo honra como el primer obispo conocido por la historia en el país de los Gabali, dentro de un marco más amplio de organización cristiana que ya existía en tiempos tempranos.1
